Una familia Clásica

Madre e hija, dos camisetas (PN)

Madre e hija, dos camisetas (PN)

En el mes de la mujer, nuestro ciclo de entrevistas “Basquet en la Sangre” nos lleva a la casa de las Barriga Naón, donde convive el Clásico de la Liga.

Marilina Naón y Micaela Barriga Naón, madre e hija, comparten la misma pasión pero con camiseta diferentes. El básquet, Quilmes y Peñarol conviven en bajo el mismo techo.

Marilina viene de una familia de deportistas. “Mi abuelo y mi papá jugaban al fútbol y mi hermano jugó al tenis”, arranca contando.  “Hice muchos deportes desde chica y la verdad que el básquet me gustó mucho,” agrega.

A mediados de los ´80, Marilina picaba por primera vez una pelota naranja en el Centro Gallego.  “Arranque en sexto grado de la primaria y jugué hasta que finalice el instituto de educación física y después me fui  a vivir al exterior dos años”, recuerda.

Del Centro Gallego a Quilmes. Marilina había encontrado en el básquet un pasatiempo que le gustaba mucho pero en el Centro Gallego se estaba llegando a un techo. “Mis padres conocían a Andrea Fernández, esposa de Luis Fernández, que jugaba en Quilmes y charlando le contamos que yo jugaba en el Centro Gallego y que quería seguir creciendo y me dijeron que fuera a probar a Quilmes”.

El femenino de Quilmes de ese entonces (archivo fliar)

El femenino de Quilmes de ese entonces (archivo fliar)

Así, la base llegaba a Quilmes donde empezaba a formarse un amor por el club. “Era muy aguerrida defendiendo, y me gustaba la base porque entendía el juego, de manera tal sabía que era jugar en equipo más que destacarse en lo individual”, se describe Marilina, al tiempo que destacaba su “velocidad, aunque en ese rubro Mica me gana”.

Ese juego, aguerrido y de buena conducción la llevo a vestir la “Roja”.  “Formé parte de algunas selecciones marplatenses, pero no tengo muchas fotos porque entre tanta mudanzas perdí muchas,” recuerda.

De aquella base “tricolor”, parece que la hija “heredó” varias cosas. Comparten el puesto y Micaela se parece en “la visión de juego que tiene, en buscar siempre al compañero que está libre y es tan aguerrida como yo a la hora de defender,” cuenta la orgullosa madre.

LA HEREDERA

Entre todas esas mudanzas, Marilina recaló en Capital Federal  donde comenzó a criar a su hija Micaela. En el barrio de Caballito, “Mica” empezó a conocer y practicar diferentes deportes. “Vivíamos en capital y a mí me gustaban todos los deportes, hasta que me llevaron a probar básquet,” recuerda la jugadora de Peñarol.

Pero la verdad es que no empezó por el pasado de su mamá. “Yo no sabía que mamá había jugado al básquet,” cuenta Mica. Con 9 años, Micaela picó por primera vez una pelota y fue nada menos que un club con mucha historia de Liga Nacional: Ferro Carril Oeste. “Entrenaba con Varones y les dije a mis papás que me encantaba el básquet y ahí empezó todo”.

“Yo sabía que nos veníamos a Mar del Plata, sabía que no había una gran actividad en el femenino y por eso fue el último deporte que conoció,” admite Marilina.

Al año siguiente, ya con 10 años, los Barriga Naón se instalaron en Mar del Plata. Micaela comenzó la escuela en el CADS y allí conoció a los Lofrano con quienes obviamente potenció las ganas por el básquet en el Club CADS. “Jugaba con muchos chicos que hoy están en diferentes equipos de la ciudad,” recuerda la hija.

Los comienzos de la "chiquita" en el CADS (archivo fliar)

Los comienzos de la “chiquita” en el CADS (archivo fliar)

Ese gustito por jugar fue creciendo y Micaela ya quería jugar frente a otras chicas. “Le dije a mi papá que quería jugar contra chicas y me dijo que si yo tiraba tres bandejas en un partido íbamos a averiguar,” recuerda.

“Más allá que jugando con chicos yo corría más que nada, tire las tres bandeja y no le quedó otra – entre risas- . Fuimos a Quilmes pero no tenían equipo en mi categoría, después averiguamos en Kimberley y otros lados y la única opción que quedó fue Peñarol,” agrega Micaela.

¿Cómo reacciono la base de Quilmes al enterarse que su hija vestiría la casaca milrayitas?

“Al principio no sé si lo tomo bien” arranca diciendo Mica. “Pero sé que  si yo se estoy bien, no importa en qué club esté, ella lo a entender”.

“Estuve 15 años fuera de Mar del Plata”, arranca diciendo Marilina y comienza a alejarse de la rivalidad. “No voy a ver los clásicos pero me encanta cuando Peñarol juega bien, me encanta cuando Quilmes juega bien, y si gana Quilmes mejor. A esta edad ya no tengo ese fanatismo. Ahora Mica es la que va a la cancha como lo hacía yo cuando tenía su edad,” agrega.

COMPETENCIA

Sin lugar a dudas, la participación de Peñarol en la Super Liga Femenina fue importante para el básquet femenino y para Micaela.

“La SuperLiga fue el mejor torneo que tuve el año pasado. Fue increíble lo que creció e hizo crecer a nivel nacional. Fue muy importante que participaran jugadores extrajeras y de selección nacional,” recuerda Mica.

Más allá de ese crecimiento que destaca Micaela, Marilina piensa en la competencia de la ciudad. “Peñarol está jugando torneos importantes pero creo que queda un trecho largo para que el básquet femenino sea como en la época que jugaba yo”.

Micaela siguiendo la línea de su mama, agrega: “es muy complicado jugar un torneo local parejo. Intentamos jugar con hombres o algunos partidos con equipos de Necochea o Tandil. Porque sino jugamos con Once Unidos o Quilmes y se termina la competencia.”

Una de los cambios en el 2015 fue la creación de la Tira “C” en las formativas de la AMB y Mica destaca que jugar contra varones les sirvió. “Fue un torneo parejo y perdimos la final con Quilmes “C”.

Jugar con hombres cambia el juego que propone ya que es otra dinámica. Con los chicos se corre los 40 minutos, se choca mucho. Quizás enfrentando a chicas se puede bajar la velocidad. El básquet masculino es más de correr, uno contra uno. El básquet femenino es más pensante, mas visión de juego”, cuenta Micaela.

LA CELESTE Y BLANCA

El 2015 fue un gran año para Barriga Naón. Formó parte del plantel “milrayita” de la SuperLiga, de las selecciones marplatense (logró el 3er lugar en el Argentino de Mayores) y fue preselección Argentina.

“La celeste y blanca, significa emoción y mucho entrenamiento. Me produce alegría”, emocionada arranca Micaela a contar. Tanta emoción que de alegría pasa a nerviosismo. “Lo espere desde que arranque a jugar al básquet. Me pone re nerviosa la celeste y blanca,” tira entre risas.

Las emociones que genera la selección argentina son muchas y más si se vive desde tan cerca. “Fue algo que toda mi vida soñé y que se dio el año pasado,” cuenta, con la voz quebrada, Micaela. Y esa emoción continua, entre lágrimas, dice “no pude quedar en la Selección final, pero estoy contenta porque mi primer objetivo era una preselección“.

“Fue muy fuerte para mi estar allá (Capital) y concentrar. Muy fuerte a nivel emocional, me costó mucho. Sabía que iba a ser duro pero fue más que eso”, recuerda ya más relajada y con alguna que otra lagrima dando vuelta.  “Estoy agradecida de poder haber ido. Sé que con esfuerzo y sacrificio se puede llegar a donde uno quiere”.

Y con el diario del lunes, Micaela piensa en lo que se viene y porque no sé dio en el 2015. “Yo reconozco que siempre fui la mimada de los equipos. Cuando jugaba con hombres era la mimada del entrenador. Y cuando llegue a Peñarol, todas las chicas fueron y son como mi mama.”

Pero en el Cenard no fue esa chica “mimada”. “Caí ahí y te das cuenta que sos un número, una más del equipo y que pelea por un puesto. Me chocó y me costó acomodarme, pero sé que es una realidad”.

Conocedora de la historia como pocos, Marilina rápidamente agrega: “también un viaje familiar, organizado con antelación y con familia que vive en Buenos Aires, Mica tuvo que elegir entre el viaje y estar concentrada nuevamente. Ella tuvo todo el apoyo nuestro y la decisión fue de ella. Era un viaje que quizás no hubiera podido hacer en otro momento y eligió eso”.

UNIVERSIDAD Y BASQUET, EN UN SOLO LUGAR

Más allá de estar en la secundaria, Micaela ya empieza pensar en su futuro académico y deportivo.

¿Te gustaría seguir los pasos de Mica Sancisi? Estudiar y jugar al basquet universitario

“Si, me encantaría estudiar afuera y jugar al mismo tiempo. Estoy hablando con diferentes universidades de Europa”, cuenta Micaela al tiempo que admite que las charlas con Sancisi la hicieron inclinarse más por Europa que Estados Unidos.

“Mica me ayudó mucho a elegir por EEUU o Europa. Por lo que me contó no es fácil

estar en una universidad de USA y es muy exigente la competencia que no sé si me bancaría esa exigencia,” comenta Micaela al tiempo que no lo descarta y por eso ya está estudiando inglés.

UNO CONTRA UNO

La playa parece que es el lugar donde madre e hija se enfrenta con una naranja de por medio. “Contá la verdad”, desafia entre risas Micaela.

Marilina, se sincera y reconoce: “gana Mica siempre”. Pero no se quedó ahí. “Ojo, me gana por estado físico no más. Yo tengo 49 años, y es más rápida que yo. Si fuera por técnica no sé si me gana”.

EL CLÁSICO EN LA HELADERA.

“Un día vino Micaela y sin decir nada pego un imán de Peñarol en la heladera,” arranca contando Marilina. “Yo llegué de trabajar, fui a abrir la heladera y vi el logo de Peñarol y no lo podía creer” recuerda.

Y Mica agrega que “la noche anterior se había jugado un clásico y había ganado Peñarol entonces le había dejado una nota que decía “Para vos quilmeña amarga te dejo esto”.

Por supuesto que al día siguiente, Marilina devolvió la gentileza y se apareció con un imán de Quilmes. Hoy los dos conviven en la puerta de la heladera, tal como ellas comparten la vida y la pasión por el básquet.

La heladera de la discordia (PN)

La heladera de la discordia (PN)

Sobre el autor

Ariel Bagaloni (ariel.bagaloni@hotmail.com)

En Twitter e Instagram: @arielbagaloni. Periodista. Productor de radio.

Hay 2 comentarios. Agrega el tuyo!

  1. 10-03-2016 | Felicitaciones "Campazzita" !!! dice:
    Muy linda nota y una familia espectacular.
  2. 10-03-2016 | entre los imanes dice:
    Muy bueno el de Bélgica (Manneken-pis) ... sólo para viajados

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