La historia del revés

Simón, Juan Manuel, Osvaldo y Javier Abbadié (PN)

Simón, Juan Manuel, Osvaldo y Javier Abbadié (PN)

Nuestro ciclo Básquet en la Sangre nos lleva a desandar una historia que arrancó y desarrolló al revés de todo. Con ustedes los Abbadié, ojo, con acento en la “e”.

Padre Entrenador, hijo mayor y menor jugadores. Uno automáticamente se imagina en su cabeza que la historia empezó con Osvaldo Abbadié jugador y luego Entrenador, que en ese lapso de su vida tuvo a Javier al cual le inculcó el deporte del básquet, y que siguió la tradición con Juan Manuel. Pero no. Todo empezó al revés de lo que se puede llegar a considerar “normal”.

Todo empezó con Javier a mediados de los 90… “Yo arranqué al otro día que Peñarol salió Campeón de la Liga en mayo del 94. Hice la Colonia de vacaciones en el Club, seguí toda esa temporada con mucho fanatismo, iba a la Superdomo, lo miraba por tele y a los 12 años que tenía en ese momento decidí arrancar. Fue tremendo lo que viví a esa edad con ese título”.

Osvaldo, que en ese momento ejercía como docente recuerda de ese momento: “A él lo descubre o en realidad lo incita a jugar el básquet Alejandro Mangone porque en Kimberley hacía de todo, paddle, taekwondo, natación por ejemplo. Como después de esa Colonia pegaron onda y a Javier le gustó mucho todo lo que vivió en el Club en esas vacaciones, decidió empezar a jugar, pero como una actividad más, ni siquiera era que por altura ya se destacaba, el estirón grande lo pegó más tarde”

“Yo nunca jugué al básquet, nunca me había interesado siquiera por el deporte. Al rugby jugué un tiempo pero hasta ahí y un poco de vóley. Pero es verdad que a la par que le empezó a gustar el básquet a Javier a mi también por ir a verlo a él. A medida que iba entendiendo cosas del deporte me iba gustando cada vez mas. Yo creo que si hubiese agarrado para el lado del Polo, me hubiera hecho fanático de los caballos, todo para acompañarlo a él”, cierra el panorama de ese entonces Osvaldo a quien todavía ni se le cruzaba la idea de sentarse en un banco de suplentes para entrenar.

Pero con el básquet hubo algo distinto, no fue descartado por Javier como el resto de los deportes… “Me gustó mucho, lo tomé siempre con muchas ganas y con seriedad el hecho de ir a entrenar o jugar un partido. Recuerdo que hasta hice pretemporadas con el Oso Pérez donde le metíamos hasta natación e iba con muchas ganas. Después vino el estirón de los 13/14/15, ahí me encontré con que medía 2 metros y por el tema físico empecé a sacar otras diferencias”.

Javier en Peñarol en los 90 (archivo fliar)

Javier en Peñarol en los 90 (archivo fliar)

UNIÓN Y LA SELECCIÓN

A los 16 (para 17) llegó lo que nadie se esperaba, con la partida de Javier a Unión como Cadete 2° año, la convocatoria a la Selección Argentina de la categoría fue una sorpresa.

“Me fui a Unión porque en ese momento la Selección U17 era casi toda de Unión, había muy buen equipo y había agarrado Daniel Frola de Entrenador con la idea de la Liga Junior. Ahí se dio todo muy rápido, apareció la Selección Argentina con la que me voy a jugar el Sudamericano a Venezuela”.

“Jugué dos años en Unión, el segundo de Cadetes y el primero de Juveniles, pero me dí cuenta que había un techo ahí y que era hora de volver a Peñarol. Esos años los tomé como un paso adelante en el proceso de aprendizaje porque Peñarol estaba un poco convulsionado e ir a la tranquilidad de Unión con el trabajo de Daniel Frola y con lo de la Selección que ni me lo esperaba, me sumó mucho a futuro”

Es normal ver en esa etapa de muchos jugadores de proyección donde los padres se involucran demasiado en los pasos de sus hijos. El hecho de ir eligiendo Club y una convocatoria a la Selección pareció que a Osvaldo no le afectó su comportamiento.

“Nunca fui un obsesivo de Javier, pero si empecé a notar que pasé a ser el “padre de” sobre todo por lo de la Selección porque aparecieron un montón de cosas que nos eran ajenas como ir al diario, notas en todos lados… El Lobo de Mar fue algo muy particular también porque Javier estaba ternado con una chica y Mariano Franco que fue quien lo ganó finalmente. Sin embargo, yo a esa Fiesta fui también por la Escuela que en Cultura había ganado el Lobo, fue raro para mí porque entonces por un momento en esa misma noche pasé de ser el Director del Colegio al padre de uno de los ternados. Yo nunca había estado en otro ámbito que no fuera la educación y estaba incursionando en otro gracias a él”.

Pero más allá de resultados y otras cuestiones, una Selección Nacional deja lindos recuerdos…

“En el Sudamericano salimos segundos, le ganamos la Semifinal a Brasil jugando muy bien y perdimos la final con Venezuela. Teníamos un lindo equipo y nos lideraba Carlos Delfino”, empieza Javier

“Un día vino del CENARD y me dijo: “papá hay uno que es distinto a todos, se llama Delfino”, recuerda Osvaldo.

Y completa su hijo: “Si, Carlitos ya era tremendo a esa edad. Algunos ni llegaban a volcarla, otros llegábamos ahí nomas saltando abajo del aro, pero éste agarraba la pelota la tiraba para arriba y la volcaba de espaldas, un animal, parecía que tenía 5 años más, se notaba en serio que era distinto, jugaba bien. Estaba a otro nivel de todos, tenía el físico de un 5 y te jugaba de 1, 2, 3, 4 y 5”

EL PROFESIONALISMO

Luego del paso por Unión de Javier, llegó la vuelta a Peñarol y con eso el profesionalismo que cambió todo el panorama personal y familiar. Lo que era una actividad extracurricular empezó a transformarse en un posible futuro y un presente con ciertos problemas que hubo que manejar.

“El paso al profesionalismo es difícil ya de por sí, pero para mí fue más por dos cuestiones puntuales. Primero porque yo iba al Industrial y la doble jornada dentro del Colegio se complementaba con lo que el básquet me demandaba por Club, Selección local y demás, entonces terminaba saliendo de casa a las 7 y volvía a las 12 de la noche, era de verdad desgastante.  Y segundo porque cuando volví a Peñarol tuve el primer año en el banco de la Liga, lo que me representó una ilusión tremenda, pero en el segundo me cortan a mitad de temporada”, recuerda Javier ese sinsabor.

“Fue muy duro eso para mí, recién cumplía los 21, pero después de eso vino la vida del basquetbolista. Primero Misiones, Córdoba, Bragado, Junín, Corrientes… como a la mayoría de los jugadores les pasa, ir jugando por todo el país. Fue una época que uno por ahí no la recuerda bien porque te deja un sabor amargo que te echen de tu Club, pero también entendés que es el momento de arriesgarte, probar lugares, categorías y empezar de 0 porque yo me había quedado con ganas de más”

Osvaldo también tiene muy presente esos años de cambio en la estructura familiar. “También fue particular esa época porque yo me separé de la mamá de Javier cuando él tenía 7 años y ella se fue a trabajar al interior del país. Entonces yo lo veía a él todos los santos días porque ya era director del Colegio al que iba y de repente, cuando pasó todo esto, de un día para el otro no lo vi más. La época de Misiones no nos vimos, después vinieron lugares más o menos cercanos a los que pude ir a visitarlo, pero es verdad que las conexiones de hoy no existían en ese momento o no estaban tan al alcance, entonces poder seguirlo y acompañarlo se complicaba”

Su paso por Ciudad de Bragado en 2013

Su paso por Ciudad de Bragado en 2013

EL HEREDERO DE LA PASIÓN

Juan Manuel tiene 14 años, juega en Once Unidos y fue Selección U13 en 2015. Nació en 2002 como producto del segundo matrimonio de Osvaldo. Se llevan casi 20 años con su hermano Javier pero eso no es traba para compartir la pasión por el básquet. Claro, se lleva en la sangre…

“Yo de chico jugué al fútbol desde los 4 años hasta los 10 más o menos, hice 2 clases de Handball que fueron suficientes (risas), pero como en el mismo Club jugaban mis amigos al básquet un día fui a verlos, me gustó y le pedí a papá de empezar”, recuerda Juan.

Sin embargo, el punto en común con todos, el básquet, no fue la primera opción y cuando apareció, fue el mismo flechazo que todos sintieron: “Nunca fui ni siquiera de mirar básquet, incluso con Javier como ejemplo en la familia. Mi deporte era el fútbol hasta que se empezó a complicar por distancias y horarios, probé ese poquito de handball, pero fue clave ver el básquet asi con mis propios ojos, me gustó de arranque, que estuvieran mis amigos tuvo mucho que ver también porque me sentí cómodo siempre”

Javier, con la voz de la experiencia vivida lo analiza: “Aparte le agarró la mano al básquet muy rápido, viste que por ahí en todo deporte te cuesta al principio, le tenés que dedicar mucho para aprender los movimientos y demás. A mi me costó horrores entender algo, a la edad de él, yo no tenía ni el 50% de los movimientos, coordinación y capacidad que tiene. Él a los 2 o 3 meses que empezó demostró que sabía lo que hacía, ahí mismo con papá hablábamos en su momento sobre determinadas cosas que le veíamos y coincidíamos”

El comentario de su hermano mayor le dio el pie justo para contar su homenaje: “Agarré el básquet y no lo solté más, incluso uso la 5 por él, por Javier que siempre la usó de chico porque su ídolo era Marcelo Richotti”

Mientras, Osvaldo, que todavía miraba todo desde la tribuna, empezó a vivir lo mismo que hace 20 años, pero de otra manera: “La historia del principio en el básquet con Juan Manuel para mí fue más fácil, porque como muchos de los padres eran del colegio ya nos conocíamos, entonces por la parte social se hizo todo más llevadero y fluido. En el caso de Javier era como todo nuevo y todos nos estábamos adaptando a la par. Y en cuanto a las condiciones es verdad lo que cuenta, y creo que esa rápida evolución de coordinación y otras cuestiones físicas le jugaron a favor para ser Selección marplatense el año pasado”.

Juan Manuel en la Selección marplatense 2015 (archivo)

Juan Manuel en la Selección marplatense 2015 (archivo)

EL DOCENTE QUE ES ALUMNO

Dicen que el maestro nunca deja de serlo. Osvaldo Abbadié se jubiló de su actividad como docente luego de 32 años ejerciendo y de 20 como Director del Colegio Industrial de la calle 14 de julio.

Tal como abrazó esa profesión de enseñar hace décadas, de la mano de la pasión de sus hijos por el básquet fue incorporando esa sensación al punto de optar por hacer el curso de ENEBA y continuar con esa vocación docente, pero primero como alumno.

Reconociéndose como “no haber sido del palo del básquet”, nunca tuvo que ver con este deporte hasta que Javier lo empezó a jugar y pasar a ser “el padre de”. Hoy, a los 60 años, el mayor de los Abbadié tiene Carnet de ENEBA 2, sigue aprendiendo y es ayudante de Guillermo Karpik en U17 y Primera en Once Unidos.

“En la época donde Javier jugaba, más allá de ser un padre que lo acompañé siempre a todos lados donde podía, nunca le presté mayor atención al deporte en sí, este bichito que me picó ahora con Juan Manuel no lo tuve. Ciertamente fue porque en ese entonces estaba a full con mis dos trabajos y hoy estoy jubilado y tengo más tiempo. Entonces le dí el tiempo necesario a esa curiosidad sobre el básquet a la cual nunca había dejado ser dentro de mí, por eso arranque ENEBA hace un par de años”

“La verdad es que además de acompañarlo a Javier en su momento y a Juan ahora, el básquet me gustaba como deporte y espectáculo, me entretiene, es dinámico, tiene muchas variantes tácticas y técnicas, y las inquietudes siempre estuvieron. Pero en los últimos 5 años más o menos ellos dos se ponían a hablar de muchas cosas que de verdad no entendía, que son propias de la gente que juega o entrena el básquet y sentí que me estaba quedando afuera de esas charlas y no quería. Ahora sigo sin entender nada pero bueno, al menos no me siento tan extraño”, se autoanaliza Osvaldo entre las risas de todos.

Pero Javier lo apoya, porque entiende de que se trata: “Lo que pasa es que cuando vos venís jugando, jugando y jugando tantos años y después encontrás la veta como entrenador hay ciertas cosas que ya son tuyas, que están incorporadas y nadie necesita explicarte nada. Claro que estudias ENEBA y aprendés otras cosas tan importantes como esas, pero en el caso de él debe haber sido todo nuevo. Más allá de haber vivido todo lo mío y ahora repitiendo casi todo lo mismo con Juan, hay cosas del estudio del básquet que no están”

Sin embargo, todas esas cuestiones no hubiesen tenido ningún sentido, sin las vivencias junto a sus hijos… “Imaginate todo lo que viví de la mano de ellos y como lo estoy repitiendo, que se llevan 19 años y tengo todavía en la memoria el primer doble de Javier en Kimberley como federado. Y en la misma cancha, pero en el otro aro, fue el primero de Juan Manuel. Increíble. Ahí pensé que esta no se me pasaba, y sabiendo que me iba a jubilar dije me pongo a estudiar algo, y ese algo fue ENEBA”.

“Ahora no me resulta todo ajeno. Veo partidos de los chicos o mismo estos últimos del Regional y me ubico en lo que están haciendo los entrenadores dentro de la cancha. Quien me ayudó mucho a este crecimiento fue Guillermo Karpik, él me dio la chance de acompañarlo simplemente porque un día fui, se lo pedí y me dio el lugar con mucha amabilidad y sin dudarlo como su Asistente de la Primera. Eso me ayudó muchísimo, no solo a mi sino también a Javier quien en la siguiente pretemporada de Once Unidos empezó la recuperación de la rodilla”, cierra Osvaldo.

Osvaldo a la izquierda, con la Primera de OU (archivo fliar)

Osvaldo a la izquierda, con la Primera de OU (archivo fliar)

YO JUGUÉ CON…MIS AMIGOS

Carlos Delfino encabeza la amplia lista de los jugadores profesionales con los cuales Javier sintió el lujo de compartir equipo o una cancha. Sin embargo, de todos ellos a los que destaca son a los que resultaron ser sus amigos del básquet. Sus mejores amigos…

“La época de menores de Peñarol para mi fue fantástica, de ahí surgen los que hoy son casi mis mejores amigos como los hermanos Rodríguez (Tato y Fernando), Manu Locatelli, Mariano Franco…todos mis amigos del básquet son de ahí, de Peñarol, del Club. Me fui, nos fuimos, dimos un millón de vueltas pero cuando volvimos a Mar del Plata cada tanto, siempre estuvimos ahí. Es la misma amistad que teníamos hace 15/20 años cuando Tato no era el Capitán América, Fernando no había salvado a Peñarol del descenso o Manu no era de los mejores Aleros de la Liga”

MAR DEL PLATA Y EL BÁSQUET CERRÓ EL CIRCULO

La diferencia de edad entre Javier y Juan Manuel, la actividad como docente de Osvaldo y algunas otras cuestiones hicieron que compartir la vida y el básquet al principio no fuera algo familiar. Recién hace 6 meses que Javier está instalado en Mar del Plata y ya pueden jugar uno contra uno de hermanos, pueden ir a verse jugar mutuamente, o mismo ver entrenar a su papá. Como él los disfruta a cada uno con su camiseta.

Sin embargo, Osvaldo tiene bien presente el momento en el cuál pudo conjugar todo en uno: “Bragado, finales para ascender al TNA, a Javier le toca definir el ascenso desde la línea, mete los dos, la cancha explota y ascienden. En el medio del festejo viene a buscarlo a Juan Manuel que en ese momento tenía 4 años mas o menos y se lo lleva para la cancha. Yo viéndolo todo de afuera, para mí es el momento en el que cerré un circulo, estaban ellos dos disfrutando, fue una alegría y un momento muy lindo”

“Aparte hay mucha diferencia de edad, yo hace prácticamente 2 años que profesionalmente no juego y él hace 4 que empezó, entonces cuando venía un mes a la ciudad de visita jugábamos un poco pero nada más. Hoy realmente que Mar del Plata volvió a ser mi lugar podemos disfrutar de esto juntos.”, explica ese desfasaje Javier.

Pero hoy la realidad es otra y por eso, lo mira a Juan Manuel y lo desafía: “Ojo, que si la rodilla aguanta y vos te ponés a entrenar y te hacés bueno en serio, más o menos cuando estés en U17 podemos compartir una Primera eh!”

Parece que hay compromiso y Abbadié para rato en el básquet. Porque también se viene todo Simón, el hijo de Javier que ya con 5 años usa la camiseta de Unión hasta para dormir y tiene a la pelota naranja como su juguete favorito.

Sobre el autor

Ignacio Saraceno (saraceno.ignacio@gmail.com)

En Twitter e Instagram: @ignaciosaraceno. Periodista desde 2007. Co-Fundador de PN. Jefe de Prensa y Redactor de diferentes Organizaciones y Eventos de AMB, LNB, CABB y FIBA Américas.

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