Bolt festejando los 200 mts (Getty Images)

Bolt festejando los 200 mts (Getty Images)

(DIARIO DE VIAJE) Lo último. Nos vamos despidiendo de Rio de Janeiro con la sensación de haber estado en un momento histórico del deporte mundial.

¿Qué decir de la Generación Dorada que no se haya dicho? Nada. Solo hay hechos que demuestran lo que estos jugadores han significado para nosotros. Los hemos seguido a todos los lugares donde pudimos. Ninguno generó eso. Punto.

Fuimos contemporáneos a lo mejor que ha dado nuestro deporte y no se puede pedir más, simplemente agradecer. Ginóbili y Nocioni le dijeron adiós a la Selección luego de la dura derrota ante el mejor equipo del Torneo Olímpico de estos Juegos. La diferencia física y atlética marcó el contraste más grande de nuestro equipo con el resto.

Con el partido casi definido, fue todo el segundo tiempo con la emoción a flor de piel conociendo, entendiendo y asimilando que eran los últimos 20 minutos de ELLOS.

Saber que no solo compartimos época sino que tuvimos la chance de despedirlos como corresponde, acá en Rio, dándoles el aplauso y la palmada en la espalda necesaria para expresarles el eterno agradecimiento por todo lo maravilloso que nos hicieron vivir.

Una bandera colgada en el Arena Carioca 1 rezaba “La Generación de los Valores”. Ese es el mayor legado de estos jugadores. El hecho de poner otras cosas por sobre los resultados para el argentino común es algo excepcional. Ellos en poco menos de 15 años alcanzaron a cambiar cierta parte de nuestra idiosincrasia.

Si, “Generación Dorada” nació por un logro deportivo: el oro en Atenas 2004. Pero el Oro en en este equipo se trata de otra cosa.

Un día después de esa eliminación llegó el momento del broche de oro para esta experiencia. Mientras nos enterábamos que los Leones ganaban el oro en Hockey (luego de 68 años Argentina alcanzaba 3 oros) nosotros nos dirigíamos al Estadio Olímpico Engenhao para ver al más grande. Al que definen como un “Phelps con carisma”. Si, a Usain Bolt.

La noche de los 200 metros llanos fue otro de los momentos mágicos de este viaje. Como si no hubiesen pasado cosas, poder ver con tus propios ojos a la persona más rápida del planeta prácticamente no tenía precio. ¿Qué digo persona? Es un extraterrestre. Es alguien que está por encima de la media de cualquier otro ser humano que entrena seguramente de la misma forma que él para estar en la misma pista al mismo tiempo.

La sensación de velocidad que transmitió en esos 19.79 segundos fue tremenda. No existe traslado de un vértigo tal como el que llega directamente a las tribunas en tan poco tiempo. El corazón se exalta de solo verlo pasar por unos 10/15 metros en los que está delante de tu posición. Un fenómeno que se queda luego de finalizada la carrera y le da la vuelta a todo el Estadio para sacarse selfies, saludar, que lo ovacionen… Por 19 segundos comparte la atención, pero el resto de la noche en el Estadio Olímpico fue toda suya.

En síntesis…en Rio vimos el retiro de Michael Phelps, los últimos Juegos Olímpicos (segun él) de Usain Bolt y el último partido en la Selección de Ginóbili y Nocioni. Vinimos a disfrutar y terminamos llevándonos no solo eso sino momentos de nostalgia, emoción y Juegos Olímpicos puros.

El Olimpismo no es un chamuyo. Cuando te hablan del famoso Espíritu Olímpico, no descreas, así le toque llevar la Antorcha a Calu Rivero o a un Youtuber chileno.

Sino que, te pido por favor, intentá vivirlo al menos una vez en tu vida. Sumale esa experiencia a plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo…

NOS VEMOS EN TOKIO.

Sobre el autor

Ignacio Saraceno (saraceno.ignacio@gmail.com)

En Twitter e Instagram: @ignaciosaraceno. Periodista desde 2007. Co-Fundador de PN. Jefe de Prensa y Redactor de diferentes Organizaciones y Eventos de AMB, LNB, CABB y FIBA Américas.

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