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El Poli de Oro

Argentina campeón, Panamericanos ’95.

Los Juegos de 1995 dejaron el Estadio para Mar del Plata y el primer título Panamericano de la Selección Masculina de Básquet. A 25 años.

La ciudad recibió eventos deportivos trascendentales para su historia: el Mundial de Fútbol, la Copa Davis de tenis, el Preolímpico de básquet, los torneos internacionales de surf y más. Pero ninguno como aquel que empezó hace un cuarto de siglo y 8 días. Los XII Juegos Panamericanos comenzaron a garantizarse su presencia en Argentina en la previa de La Habana 1991. Cuba, en aquel entonces, se quedó con la organización ganándole la licitación a Mar del Plata. Pero “La Feliz” supo en ese mismo momento que llegaría su hora cuatro años después.

La revolución emocional que esto generó, había que materializarla en la construcción de un predio acorde a las exigencias del evento. Se desarrolló el COPAN (comité organizador) y comenzaron las obras que incluían refacciones en la pistas de atletismo y patín, el velódromo, la pista de natación, la cancha de hockey y la construcción total de un Estadio Polideportivo. La imponente obra acaparó las miradas de todo un país. La Feliz, beneficiada.

Polideportivo en obra.

En lo estrictamente deportivo, Argentina disfrutó de un salto de calidad gracias a la localía. Ser anfitriones les permitió competir a deportistas y equipos nacionales en cada disciplina, y subir en el ránking de favoritismo. Claro que en aquel entonces, Estados Unidos y Cuba marcaban el ritmo en cuanto a políticas deportivas y fueron los primeros del medallero. EEUU en el más alto lugar con 425 medallas (170 de oro), la delegación cubana considerablemente atrás en el segundo con 238 (112 doradas). Canadá completó el podio (177 y 47), pero el cuarto puesto conseguido por Argentina marcó un hecho histórico, sumando 29 títulos la cosecha comparando la producción con la realizada en La Habana 1991. Un total de 159 preseas, 40 de oro, 45 de plata y 75 de bronce para nuestro país.

Nora Vega, patín.

Mar del Plata no sólo fue organizadora, también protagonista de los Juegos Panamericanos. Nora Vega, patinadora local campeona del mundo, fue la encargada de encender el pebetero en la inauguración del 11 marzo, una noche inolvidable en el Estadio Mundialista de Fútbol. Del 12 al 26 del tercer mes de 1995 se adueñaron de la escena las competencias, con presencia de 22 atletas marplatenses. La propia Nora Vega consiguió subirse a los tres escalones del podio, en una faena para el recuerdo. Rafael Olivera (tiro) consiguió la misma epopeya. Bettina Fulco (tenis) fue oro en equipo y bronce individual.

Sin embargo, pese a no tener marplatenses en el plantel, el equipo masculino de básquet quedará en la retina de quienes disfrutaron de su campeonato en el torneo. Argentina ganó por primera vez la medalla de oro en los Panamericanos. En 1951, después del título mundial, Estados Unidos se vengó dejando con el segundo lugar al seleccionado nacional, en Buenos Aires. Cuatro años más tarde, en México 1955, Argentina le propinó la primera derrota en la historia a los Estados Unidos, en Juegos Olímpicos o Panamericanos, venciéndolo por 54 a 53. Luego fue título para los norteamericanos por goal average tras el triple empate con Brasil, y otro segundo puesto de la Albiceleste. La tercera iba a ser la vencida. Iba a ser especial.

Los 12 seleccionados.

La desorganización del básquet argentino generó dudas en la preparación del torneo. El equipo dirigido por Guillermo Vecchio sólo jugó dos amistosos en La Rioja y contó con la plantilla incompleta en los entrenamientos, debido a que se estaban disputando las finales de la Liga Nacional (entre Independiente de Pico y Olimpia de Venado Tuerto). De cualquier manera, nadie quería perderse el debut. Con el estreno del Estadio Polideportivo para el básquet nacional, Argentina se enfrentó en la primera jornada a un viejo conocido: Estados Unidos. Sin jugadores de la NBA, el rival lucía terrenal con respecto al Dream Team de 1992 (Jordan, Magic, Larry Bird, Stockton, Malone, Ewing, David Robinson, entre otros) o al campeón del mundo en Toronto 1994 (con Shaquille O´Neal como MVP). Los del norte presentaron una nómina profesional, con jugadores destacados en la CBA (Continental Basketball Association) y de proyección interesante. Lejos de lo mejor que tenían, un equipo respetable.

Frente a los escollos propios y el rival de turno, Argentina sacó adelante el partido y de encima la presión, el 19 de marzo. Sin brillar, triunfó 68 a 67 con un doble de Diego Osella a un segundo del final. De esta forma el equipo se liberó y encadenó tres victorias más en la primera fase: 83-81 a Uruguay, 90-80 a México y 87-86 sobre Puerto Rico. La Selección se mantenía invicta, pero aguardaba por un mejor básquet. Es que tener a Milanesio en la base, el tiro de Espil, la potencia de Esteban De la Fuente, y el juego interior de Osella y Maggi, la convertía en candidata. Llegó Brasil y la confianza aumentó…

Para cerrar la clasificación, el conjunto de Vecchio despachó todo su arsenal. La defensa solidaria y una ofensiva fluida en consecuencia, sacaron de la cancha a los brasileños para estampar un 95-75, camino a semifinales. Argentina terminó en la posición de vanguardia la primera fase y el contrincante para asegurar una medalla sería Uruguay. El estado de gracia se estiró, y al goleador del torneo (Juan Espil, con 20.4 puntos por encuentro, pese a llegar con una lesión en el tobillo al certamen) se le sumó el “Gallo” Pérez como complemento. A puro triple hubo festejo en el clásico rioplatense (90-74) y era una hecho la obtención de la tercera presea en la historia de los Juegos Panamericanos. Aunque… nadie se iba a conformar con otra de plata.

La tercera iba a ser la vencida. Iba a ser especial. El adversario de la final no podía ser otro: Estados Unidos. La noche del 25 de marzo de 1995 era una oportunidad, y una revancha histórica. Otra vez contra ellos, nuevamente de local. No se podía perder. El clima en las tribunas generaba ese ambiente, en un Polideportivo que había festejado una semana antes con el vóley. Los jugadores argentinos salieron decididos a hacer historia.

Argentina dominó el desarrollo en el primer tiempo (60-50), aprovechando el público y su nivel colectivo de las noches anteriores. Fue tal el control del juego que al comenzar el tercer cuarto, con el ánimo por las nubes, parecía imposible que no se logre el título. La Selección escapó con una máxima de 13, pero del otro lado estaban ellos. Estados Unidos firmó un parcial de 14-0 en el inicio del cuarto período. Quedando seis minutos para subirse al podio, la visita se imponía 77 a 76.

Villar y De la Fuente empujando.

No había marplatenses en el plantel. No obstante, ¿quién puede negar la identificación con la ciudad del Cabezón De la Fuente? Referente de Quilmes, Esteban venía de ser bicampeón de la Liga (93/94 con Peñarol, 95/96 con Independiente de Pico). Se hizo cargo de las decisiones más calientes del partido, y cortó una sequía siete minutos sin anotar. A su lado, el factor sorpresa. Luis Villar, quien ganó un lugar en el quinteto del último cuarto por los problemas de Osella con las faltas (tenía cuatro desde el 3C), metió dos ganchos que quedarán guardados en la memoria del básquet nacional. Argentina lo selló con su defensa y el sábado pasó a ser domingo.

Festejo con Maggi, ex Peñarol.

A las 00.00 del 26 de marzo, la Selección Nacional rubricó (90-86) su título más importante después del Mundial del ’50. Cocha, Aragona, Racca, Pérez, Oberto, Wolkowyski, Villar, De la Fuente, Maggi, Milanesio, Espil y Osella lo consiguieron colgándose la medalla dorada. Fue el piso de una construcción que tocó su techo en 2004 y habita la casa de la gloria hasta la actualidad. Fue el suelo del Polideportivo marplatense. El Poli de oro.



Agustín Girotti (agustingirotti@yahoo.com.ar)

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