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Sensata pero tarde

 

Por el Coronavirus, se para la pelota.

La ADC y la CABB tomaron la decisión de suspender el básquet argentino a partir de hoy.

OPINIÓN.- Es una situación atípica y se entiende que la dirigencia convive con las presiones, actores con diferentes opiniones e intereses alzando su voz y hasta un grado de desconocimiento real sobre la pandemia y su propagación. Quizás en este último punto esté una de las cuestiones a mejorar, en el básquet y la gestión deportiva nacional en general. Los y las dirigentes deben estar listos, con argumentos y capacitaciones a cuestas para decidir cuando les corresponda y marcar lineamientos sustentados en el conocimiento. El profesionalismo en este estamento del deporte argentino urge como una necesidad, como mínimo de ponerlo en debate. De lo contrario, todo está justificado y es “entendible”.

El presidente de Unión sobre la situación de ayer.

En Mar del Plata, los equipos de la ciudad sufrieron concretamente la falta de decisiones a tiempo. Unión entró en confusión por las resoluciones del Torneo Federal, canceló la logística de su viaje y tuvo que trasladarse sobre la hora, para jugar un partido importante por la División Bonaerense. A pesar de lo desfavorable del suceso en la parte deportiva, pasa a un segundo plano. Lo primero es la preocupación de jugadores y delegaciones completas, por el riesgo que implica salir a la ruta y visitar lugares poco frecuentes (lo mismo para quienes los reciben), ante una recomendación de abortar las reuniones masivas. Hay quienes sostuvieron en estos días que “los jugadores se creen con más privilegios que el resto de los trabajadores, quieren parar y el resto sigue laburando”. En principio señalar a otra organización para justificar lo propio, no está bueno. Segundo, es claro que en el deporte profesional los traslados y el contacto con distintas personas en la misma frecuencia de viajes son constantes. El riesgo está en aumento.

Peñarol jugó sin público y también puso en riesgo a su personal. Como su rival, Regatas de Corrientes, que retrasó un día el viaje por el rechazo de sus jugadores ante la desprolija situación.

Foto: Demián Schleider (Infoliga).

La cordura primó un día (al menos) después. Mientras las medidas sobre las cancelaciones de espectáculos masivos empezaron a robustecerse entre jueves y viernes, en nuestro país, la ADC y la CABB esperaron al sábado para suspender los torneos (FIBA y la NBA ya habían cancelado). Los mismos estarán frenados por 17 días. Cuando se trata de la salud, no interesan los calendarios apretados, empresas patrocinadoras, ni cuentas de los clubes. Parece ilógico tener que decirlo.

Desde la Asociación Marplatense la decisión se tomó a tiempo, suspendiendo la actividad del fin de semana. Las instituciones, de nuestra ciudad como la mayoría en otras localidades, concientizaron a mitad de la semana pasada compartiendo las disposiciones publicadas en el boletín oficial del Gobierno Nacional, para resguardar a socios y socias del Coronavirus. ¿Por qué tardó tanto (un día es demasiado) en reaccionar la dirigencia del básquet nacional? Deben tener sus explicaciones, con argumentos más sólidos que los dados a conocer en público. Pueden ser entendibles, difíciles de justificar.

El comunicado de la ADC.

Sin querer sacar el foco de esta grave situación sanitaria, ni aprovechar el momento para opinar del tema, a futuro (en corto plazo) habrá que replantearse seriamente el rol amateur de la dirigencia argentina en los deportes. Las organizaciones de trabajo en todo el mundo, se vuelcan cada vez más hacia el conocimiento y la capacidad de quienes trabajan en ellas. Mínimamente deberíamos debatir si la conducción y gestión deportiva requiere ser profesional.



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