Básquet en la Sangre

El deporte como estilo de vida

Alejandro y Luciano en el patio de su casa (PN).

Continuamos con el ciclo de entrevistas de “Básquet en la sangre”. La oportunidad de conocer a los Mangone, que nos abrieron la puerta de su casa. 

En una mañana de sábado, antes de la típica jornada de básquet en la ciudad, la familia Mangone nos abrió la puerta de su casa y en el garage/quincho estuvimos a puro mate. Charlamos de básquet, de deporte y la vida.

EL BARRIO, LOS INICIOS

Parece ser el punto de partida de toda charla que pretende buscar los orígenes de una familia y su relación con el básquet. Para Luciano (hijo) fue más fácil responder a la pregunta de su primer contacto con este deporte, por ende, la base arranca desde Alejandro (padre), que supo inculcar en su familia el espíritu deportivo.

Alejandro se crió en el mismo lugar en donde hoy vive junto a su mujer (Silvina) y sus tres hijos (Valentina, Luciano y Francisco en ese orden). En el medio, toda una vida como entrenador que lo llevó a trasladarse a otro puntos del país cuando la profesión así lo exigía. A pasos de la Escuela N.º 58 y muy cerquita del Club Peñarol, Alejandro tuvo todo alrededor: el colegio y el club. Uno llegó como consecuencia de otro. “Fuimos a Peñarol con un grupo de compañeros de colegio y ahí arrancó el básquet. En ese momento no era un deporte tan practicado como ahora y encima en mi casa no había relación con ese juego hasta que arranqué yo. Con Diego Rodríguez sigo teniendo relación, me acuerdo que fuimos juntos”.

OTRA VIDA, OTRO CLUB

En marzo 1996 la familia se trasladó a la ciudad de Bragado y Bragado Club fue el club donde Alejandro le dio continuidad a su profesión, mientras sus hijos hacían los primeros pasos en el básquet. Valentina y Luciano tenían dos y un año respectivamente, mientras que Silvina estaba embaraza de Francisco.

Decidimos irnos porque acá era una época complicada para el laburo. Yo ya estaba recibido de profe hace unos años trabajando en Peñarol y salió la posibilidad de Bragado Club por intermedio de Marcelo Pla”. La verdad que fue una gran decisión irnos, es cierto que quedamos lejos de nuestros afectos pero allá pudimos hacer amigos y nuestros hijos crecieron en un pueblo donde el ritmo de vida era el indicado para estar tranquilos”.

¿Cómo te fue en lo deportivo?

El proyecto era por cinco años y llegaba hasta la categoría juveniles. Me queda la experiencia de haber sido campeón provincial el mismo año que llegué y en una época en donde el básquet provincial no contaba con tantos equipos U19 como ahora tiene la Liga Junior. De Mar del Plata jugaba Kimberley, lo dirigía el Negro Echeverría y estaba Diego Cavaco. Nosotros ganamos la provincia con Bragado Club y fuimos subcampeones nacionales. En la etapa nacional pasamos tres cuadrangulares y los organizó todo el club. Fue un gran año para la institución y para nosotros en lo personal porque fue un cambio de vida que había arrancado de la mejor forma.

¿Hasta que año en Bragado con la familia?

Fines del 2002. El club estaba mal económicamente en contexto con lo que sucedía en el país.

A la izquierda Luciano y a la derecha Francisco.

¿Cómo fue la vuelta a Mar del Plata?

Luciano: fue complicado, dejamos amigos y compañeros de colegio y aquí nos tuvimos que acostumbrar a otro estilo de vida. De todas formas, mi etapa formativa recién arrancaba.

DE VUELTA AL BARRIO, LUCIANO A PEÑAROL Y ALE A QUILMES

La familia volvió al barrio y Luciano fue a jugar a Peñarol influenciado por su tío, Fernando Pérez (Oso). Allí estaban su primos y su nuevo club, comenzaba la etapa formativa. Entre las idas y vueltas que da la vida, la familia Mangone se encontró en una situación incómoda.

En el mismo año que vuelven a Mar del Plata, Luis Fernández se comunica con Alejandro y le ofrecé trabajo en Quilmes para dirigir la primera local y la sub 22. Para la familia era la posibilidad de salir adelante con laburo en un país arruinado, eso no era para nada incómodo, al contrario, era algo fundamental. Lo incómodo se generó con papá en Quilmes y Luciano en Peñarol.

Para Alejandro fue un salto importante en su carrera ya que esa temporada Quilmes corta a Alejandro Pepiche como entrenador de Liga Nacional y Javier Bianchelli y Ale Mangone se hacen cargo del primer equipo.

Lo de Ale era profesional pero igual a Luciano se lo hicieron saber…

“Fue una situación complicada, mi viejo no me podía ir a ver porque la pica entre clubes siempre fue jodida. Conmigo se generaba el chiste fácil y llegó un punto en donde no quería seguir más. No por mis compañeros pero si por el contexto general. De todas formas, yo seguía siendo chico y quería seguir jugando al básquet”.

UNIÓN Y KIMBERLEY, LA SOLUCIÓN

Lejos de cualquier presión por ser Peñarol y Quilmes pero muy cerca del desarrollo de jugadores, Unión y Kimberley eran en ese momento y lo son hoy, dos clubes bien formativos. Buenos entrenadores, camadas competitivas y la posibilidad de jugar al básquet sin la presión de tener a papá en una vereda y él estar en la otra.

Allí atravesé mi etapa de formativas. En Unión estuve de U13 a U17 con entrenadores como Juan Lofrano y Federico Ingresia. En el “Celeste” algunos compañeros dejaron de jugar y de a poco se iban yendo las ganas de jugar. Cuando Fernando Rodríguez agarra la coordinación del básquet de Kimberley me llamó para ir a jugar allá y encima tenía a Luciano Mateo de compañero de colegio así que no dudé y terminé U19 en Kimberley en 2013 jugando la final de juveniles con Peñarol”.

LA PROFESIÓN SE BUSCA EN OTRO LADO

Luciano decidió dar un paso al costado en la exigencia de los entrenamientos y hoy dedica su tiempo a estudiar la carrera de abogacía con la posibilidad de trabajar en un estudio jurídico. Entrenó con la primera del club y llegó a tener participación en el Provincial de Clubes pero hoy la prioridad es el estudio. “Yo estoy orgulloso que Luciano haya elegido este camino. Es difícil dedicarse de lleno al básquet”, señaló Alejandro.

Francisco, el más chico de los mangone, arrancó con Luciano en Bragado Club y luego en Mar del Plata jugó muy poquito en Peñarol. El básquet no era lo suyo y el fútbol asomaba como una alternativa. Primero jugó en el “Milrayitas” y luego pasó a Argentinos del Sur. Hoy estudia profesorado de educación física y le da forma a ese estilo de vida alrededor del deporte.

LA PROFESIÓN SE BUSCA EN OTRO LADO (parte II)

Así como los chicos decidieron que la prioridad era el estudio, en el 2006, luego de su paso por Quilmes, Alejandro ya estaba bien metido en el ruedo de entrenador profesional y allí comenzó un trajín de cuatro años en distintos puntos del país. Vuelve a Bragado pero esta vez para dirigir a Ciudad Bragado en el TNA y luego a Facundo de La Rioja en la Liga B. Ale se fue sólo porque la familia ya no acompañaba, tenían su vida hecha en Mar del Plata. “Hice Bragado, después volví a Quilmes como asistente de Estaban De la Fuente y terminé en La Rioja. La terminé pasando mal, venía poco y extrañaba bastante”.

Luciano con la bola jugando para Bragado Club.

IAE Club, LA NUEVA CASA

Ignacio Minuchín había sido jugador de Ale en minibásquet y no dudo en ofrecerle a Alejandro un lugar importante en las formativas y la primera del Einstein. Lo que antes era un colegio hoy es un club gracias al trabajo de Alejandro, Fernando Gallotti, Ignacio Minuchín, entre otros. Luciano recuerda que a su padre al comienzo de su carrera en el IAE lo echaban seguido los árbitros. “Venía con el ritmo profesional de las primera categorías y en formativas lo agarraron de punto porque se calentaba mucho”.

¿Ven básquet juntos?

Si, siempre. Justo en este lugar donde estamos ahora es nuestro punto de encuentro. Tele y parrilla de por medio nos juntamos a ver partidos. Finales de NBA y mucha Liga Nacional. Luciano aprovecha el lugar y es punto de encuentro con sus amigos.

EL DEPORTE COMO ESTILO DE VIDA

¿Cómo llevaste la situación de que tus hijos le den continuidad al básquet en la familia?

Al principio arrancaron juntos en Bragado Club y cuando regresamos a Mar del Plata sólo Luciano le dio continuidad. La verdad nunca los presionamos para jueguen y más bien los dejamos que se muevan con la libertad de practicar cualquier deporte. Francisco se dedicó al fútbol y Valentina al hockey”.

Al finalizar la respuesta, entre risas de todos, Alejandro confesó que internamente quería que jueguen al básquet. Se supone que es una situación lógica y depende del perfil de cada padre como llevarla. Sus hijos lo respaldaron enseguida y sostuvieron que nunca se sintieron presionados para que sigan su camino en este juego.

El logro más importante para los Mangone es que el deporte pasó a ser un estilo de vida. Básquet, fútbol y hockey bajo una misma órbita.

Fotos: archivo familiar 

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Bruno Grassi (bruno-grassi@hotmail.com)

En Twitter: @brunograssi. Periodista desde 2007. Co-fundador de PN. Redactor y Productor. Trabajó en campo de juego de transmisiones varias de Liga Nacional y en el diario "El Atlántico".

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