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Un día como hoy, pero hace 11 años, la Selección Argentina alcanzaba el logro más importante de su historia. Fue el oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

El 28 de agosto es una fecha que los amantes del básquetbol jamás olvidaremos. Es que ese día del 2004, el seleccionado nacional logró subirse a lo más alto del podio en los Juegos Olímpicos de Atenas, relegando al segundo lugar a Italia y al poderoso Estados Unidos al tercero. El plantel que comandó Rubén Magnano se instaló en la cúspide del deporte mundial, demostrando que el orden grupal es más fuerte que las individualidades.

El debut en la competencia no pudo ser de la mejor manera, con una “palomita” de “Manu” Ginóbili sobre la chicharra que decretó el triunfo contra Serbia y Montenegro por 83-82, vengando la final perdida en el Mundial de Indianápolis dos años atrás. De éste encuentro también es para recordar la “vuelta olímpica” que realizó el técnico cordobés una vez consumado el triunfo, en un claro gesto de desahogo.

Pero tras la felicidad, llegó la dura caída contra España, la recuperación frente a China y Nueva Zelanda, y una derrota contra Italia para cerrar la fase de grupos con un saldo positivo.

En los cuartos de final, llegó el turno de medirse contra los locales. El partido fue muy trabado, en el que ninguno de los dos seleccionados lograba tomar una diferencia en el tanteador. Hasta que debutó en el torneo Walter Herrmann. Con sus penetraciones indefendibles y su buena mano en los lanzamientos de tres puntos, el santafesino fue la llave que abrió el partido para nuestro país. Así, con una sólida actuación del alero, sumado al goleo de Ginóbili y de un Scola que causaba revuelo cada vez que ingresaba al parqué.

Ya asegurado el pasaje entre los cuatro mejores de la competencia, el rival de turno era el “Dream Team”, a quien ya le habían ganado en la cita ecuménica que se disputó en su país. Alertado de que ya no era invencibles, Estados Unidos apostó a un equipo más fuerte que en el 2002, con muchos jugadores de experiencia. Parejo y emotivo. Así fue el partido que tuvo a nuestro país siendo un claro dominador de las acciones. Con un “Manu” inspiradísimo, desplegando todo el talento que demostró en la obtención del título en San Antonio Spurs un año antes, los de Magnano nunca corrieron riesgo de perder.

La victoria se aseguró con la salida por faltas personales de Tim Duncan, promediando el último cuarto. El único saldo negativo fue la fractura en la mano derecha de Fabricio Oberto, que se produjo restando pocos minutos para concluir el encuentro luego de una durísima infracción de Stephon Marbury.

Sin poder contar con los servicios del cordobés para la final, Magnano no dudó ni un segundo y le dio la titularidad a Scola. El ala pivote, que en aquel entonces brillaba en el básquetbol español, jugó una definición perfecta, no le tembló el pulso en ningún momento y en la retina de todos quedará la tremenda volcada a falta de poco más de un minuto, en la cara de sus defensores y colgándose del aro festejando y gritando el merecido título.

Gentileza texto: Mariano Atanasoff – Crónica



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