Internacional

En busca de la Corona

(AFP)

Lebron James quiere lo que considera propio. Los Angeles Lakers ya esperan en la Final del Oeste.

LAKERS 119 – ROCKETS 96 (4-1)

Los Lakers ven la luz. Ya definitivamente y acabe esto como acabe, el equipo más glamuroso de la NBA vuelve, quizá no a lo más alto (todavía), pero sí al lugar que le corresponde. Las finales de Conferencia asientan a los angelinos entre los cuatro mejores equipos de la competición y les dan, estadísticamente, un 25% de posibilidades de hacerse con un anillo que nunca funciona con aritmética básica pero que está más cerca que nunca para la franquicia. Y ese “que nunca“, quiere decir en una década; es lo que ha tardado la entidad en regresar a la última ronda del Oeste, una eliminatoria tradicionalmente emocionante (el año pasado no tanto, 4-0 de los Warriors a Portland) y que supone estar a un paso de esas Finales a las que todos quieren llegar y en las que todo puede pasar. Pase lo que pase a partir de ahora, los Lakers han hecho un temporadón de escándalo, han sido divertidos, han defendido y han sido testigos de la última versión monstruosa de LeBron (la 17ª en 17 temporadas, vaya), antes de llegar a la serie soñada, presumiblemente ante los Clippers (salvo sorpresa mayúscula), ese rival que nunca lo ha sido pero que ahora supone la penúltima piedra en el camino del regreso a lo más alto.

Y si para los Lakers este es el retorno más esperado, para los Rockets es el enésimo fracaso que puede acabar con una temporada de mucho experimento efectista para nada efectivo y casi con un proyecto basado en las milimétricas matemáticas de Daryl Morey, en la fe ciega de un D’Antoni que apostó por algo que solo él veía y en el personalismo e hiperliderazgo de uno de los mayores talentos ofensivos de la historia: James Harden. Ese hombre no siempre querido (o casi siempre odiado) que ha conseguido hacer hitos anotadores sin suerte al final y que ha sido el abanderado de una manera de jugar que no ha gustado a casi nadie y en la que pocos han confiado para poder ganar. Siempre y sin excepción, los Rockets han sido fieles a su estili; y siempre y sin excepción, han chocado contra sus carencias, sin variar un ápice sus intenciones ni su manera de expresarse en pista, sabiendo hacer una defensa fuerte (antes con Jeff Bzelik y ahora sin él) y un ataque basado en el triple y en los tiros en la zona y que ha tenido como resultado ignominiosas situaciones, como la de tener en la serie ante los Lakers un promedio de cinco lanzamientos por partido desde el mid range. Desde luego, se han empecinado en su estilo. Y eso es tan seguro como que no han sabido ganar con él. O igual, es que no se puede ganar con él. Quién sabe.

Es muy posible que las posibilidades de anillo del proyecto Harden, ese que se inició en 2012 y por el que ha pasado Kevin McHale y una horda de jugadores talentosos y estrellas consolidadas (Lin, Howard, Ariza, Paul, Capela…) que han ido cayendo casi con una velocidad mayor a lo que lo han hecho las víctimas de LeBron James en la última década, se evaporaran en cada uno de los 27 triples que los Rockets fallaron de manera consecutiva en las finales del Oeste de 2018. No hay solución posible cuando el plan b consiste en seguir con el plan a, sobre todo cuando este ha dejado de funcionar y ha sido una obviedad de juego unidimensional mejor de lo que el aficionado medio piensa y peor de lo que siempre ha creído un Morey cuya inteligencia es inversamente proporcional al número de anillos que se han ganado con sus ideas. Lo de ganar a los Warriors jugando como los Warriors no pasó a mejor vida (de hecho, pasó a peor) ni cuando los Warriors dejaron de ser los Warriors (este año). Ni así, Houston ha conseguido rascar algo, con una temporada en la que extremaron un estilo extremo, sacaron a Capela de una rotación en la que no cuadraba con un Westbrook que es el único que ha usado el mid range y ha corrido como solo él sabe hacer y se dedicaron a ejercer el ultra small ball como si ellos lo hubiesen inventado. Y no les ha ido mal, pero el inevitable final ha traído recuerdos pasados. Esos en los que Harden forzaba la salida de un Chris Paul que recibió la promesa de Morey de no ser traspasado, y que lo fue junto a dos primeras rondas del draft (y dos que podrían llegar)… a cambio de Westbrook. Un base que es, sencillamente, peor. Y Paul, con 35 años, lo ha dejado más que claro.

En estas semifinales, los Rockets han ido de más a menos, sustituyendo su inopinada autoestima inicial por la aparición de un Rondo que les apuntilló y de un LeBron que ha acabado sentenciando. Cada partido ha caído como una losa sobre ellos y en el quinto y definitivo la sensación de que habían bajado los brazos ha llegado hasta a ser vergonzosa. Exhaustos, los Rockets han visto cómo eran acribillados de inicio (35-20) por unos Lakers que se divertían y que se iban a 13 de 19 en tiros de campo, incluidos 7 de 12 en triples, solo en el primer cuarto, en el que provocaron 4 pérdidas de su rival. Lo mejor al descanso para los Rockets era el resultado (62-51) con un triple postrero de McLemore (algo que ya hizo al final del primer periodo) que dejaba las cosas mejor de lo que muchos esperaban. En ese punto, los Lakers llevaban 15 puntos al contraataque por 2 de sus rivales, y LeBron sumaba 19 puntos, los mismos que Harden. La calma que precede a la tempestad, o al menos eso pareció en los siguientes 12 minutos en los que los Lakers sentenciaron con 6 de 9 en triples y dejando a Houston en 7 de 22 en tiros de campo y 2 de 12 desde el exterior. Y 95-69, con un marcador que decía mucho y lo acabó diciendo todo.

El último cuarto fue un mero trámite, con un Westbrook impregnado de impotencia que se encaró con Rondo (Vogel lo sentó para evitar males mayores) y por su hermano desde la grada. La temporada del base ha sido un quiero y no puedo, y algunos se preguntarán que ha hecho este hombre para cobrar los 130 millones que todavía le quedan de su contrato y que le tendrán que abonar los Rockets a él en vez de a Chris Paul. 10 puntos hoy para Russ (4 de 13 y 0 de 3) y mucho por reflexionar, para él y para los texanos, que se lo tendrán que comer. A él y a un Harden que se ve como van pasando los años (ya tiene 31) y que mete muchos puntos en regular season y no tantos cuando hay que meterlos. Y 31 de Westbrook, 31 de Gordon, 29 de Covington, 35 (sí, 35) de Tucker, 34 de Jeff Green… y por ahí andan los 28 de Austin Rivers y los 27 de un Danuel Hous Jr. que ha sido protagonista, vaya por Dios, por lo que ha hecho fuera de la pista y no dentro de ella. Otra vez, mucho que reflexionar en un proyecto sin rondas del draft para los próximos años (las mandaron todas fuera con Paul, nadie sabe por qué) y ligeramente envejecido. Y con un entrenador camino de los 70 años que acaba contrato y que ha sonado para los Pacers. 17 años lleva en la Liga, con más de 600 victorias (el cuarto que más de entre los que están en activo) y fracasos (algunos con mala suerte, otras sin excusas) en playoffs con Suns o con Rockets, sus dos proyectos más ambiciosos (de Knicks y Lakers mejor ni hablamos). Morey dijo antes de esta serie (recalcamos el antes) que quería renovarlo a toda costa. Pero lo mismo dijo con Paul hace un año y nada. Eso sí, a ver dónde encuentras a un técnico que asuma (y crea) un estilo que viene de lo más alto de la estructura vertical inherente a cualquier franquicia de la Liga y que tiene algunas cosas buenas y otras que no tanto. Sobre todo, ya se sabe, en playoffs.

¿Y los Lakers? Pues a lo suyo. Hoy, 29+11+7 de LeBron, que se convierte en el primer jugador de la historia de 35 o más años en promediar al menos 25+10+5 en una serie de playoffs. Ya lo hizo en primera ronda; Davis hoy más discreto (13+11+4, todas en el primer cuarto), promedia 30+12 en la fase final en toda su carrera. Entre los dos, 542 puntos, 212 rebotes y 129 asistencias de forma combinada, la única pareja con unos números así junto a Oscar Robertson-JackTwyman y Elgin Baylor-Jerry West. Y el resto suma y sigue, con Danny Green mejorando cada día que pasa (14, con 4 de 6 en triples y +35 con él en pista), un Markieff que ya espera a su hermano Marcus (16), un Caldwell-Pope que hace de todo (+32), y Kuzma (17), y Caruso, y Rondo (3+5+5, más discreto hoy)…. Y 19 de 37 para los Lakers desde el triple, récord de la franquicia en playoffs. Lo habrían batido en cualquier otro momento de la era del triple, pero no se habían clasificado. Ahora, el glamour vuelve a Los Angeles (o a Disney) y los Lakers avanzan inexorablemente a la resolución de su destino. Y LeBron, hacia la reconquista de su corona. Una que busca nuevo dueño. O quizá un viejo conocido. Ya veremos.

AS

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