Internacional

Invitados a soñar

España 2014.

(opinión) Brasil. uno de los cuatro equipos que no clasificó deportivamente a la Copa del Mundo, accedió a los cuartos de final eliminando a la Argentina con un contundente 85 a 65. La selección nacional se despide del torneo tras una mala noche, aunque dejando aspectos positivos tras su paso por España.

Quizás Magnano le ganó a Lamas… Quizás Scola no jugó bien… Quiás los jueces nos perjudicaron… Quizás los suplentes de Brasil hicieron la diferencia… Quizás si el tema político influyó en este porceso… Quizás con Gnóbili y Delfino era otra la historia… Todo esto es opinable y genera debate. Lo impactante de la noche madrileña, y que hace tiempo no veía, fue a la selección nacional caida anímicamente. No hay por qué negarlo. Los cuatro libres seguidos que falló Scola fueron un punto de inflexión en el partido y, pese a que se intentó, Argentina no pudo levantarse más.

El primer tiempo de los de Lamas fue perfecto: el plan de juego dio sus frutos, el score era bajo, Argentina liberaba la pintura con Leo Gutiérrez abierto en ataque, y rotaba bárbaro en su propio aro para que Brasil no pese en la pintura. Tal era la concentración, que pese a la diferencia física durante los primeros 20 minutos se fueron empatados en rebotes. Si algunos de los tiros bien tomados desde cinco metros de Scola, o algún triple más de Gutiérrez o Nocioni entraba, la ventaja hubiese sido más adecuada que el 36 a 33 final.

Pero el tercer cuarto fue una pesadilla. Brasil reaccionó. Mucho mérito de Magnano que no le pesó sacar a Huertas ante su primer error y traer a la cancha a Raúl Neto. Un minuto de Lamas tras la primera reacción brasileña, luego los fatídicos tiros libres. Ver al líder, capitán, emblema y referente débil, como nunca se lo ve, caló hondo en el resto de sus compañeros, y agrando al rival. Neto se soltó y fue imparable. Marquinhos clavó dos bombas con poco tiempo de posesión y todo era verde y amarillo. En el último cuarto hubo algún intento pero no era la noche de la selección nacional. Y nos despedimos del Mundial.

Un mal día, un mal partido, lo puede tener cualquiera, hasta el propio Luis Scola que tantas alegrías nos dio. Pero esto no tapará nunca lo que le ha dado esta selección de básquet al deporte. Este año, también hubo aspectos positivos. Esto empezó con un conflicto dirigencial, del cual los referentes de la Generación Dorada se hicieron cargo y pelearon por conseguir lo justo. Tras las ausencias, la confianza para completar el plantel fue para los jóvenes y estos respondieron en su primera experiencia mundialista. Los minutos de Delia en el segundo cuarto ilusionan, ni hablar de Campazzo y Laprovíttola. Argentina está en pleno recambio y evidentemente este no era el Mundial para ir a pelear contra las potencias. Falta para eso, pero el camino está hecho.



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