Básquet en la Sangre

Perazzo de historia

Adolfo, Tomás y Ezequiel Perazzo (PN)
Adolfo, Tomás y Ezequiel Perazzo (PN)

En la continuidad del ciclo de entrevistas “Basquet en la Sangre”, llegó el turno de un apellido con mucha historia: los Perazzo. Adolfo y sus dos hijos, Ezequiel y Tomás, charlaron con PN.

Mar del Plata es una ciudad en la que se respira básquet todo el año. Y un apellido que, seguramente, tenga que ver mucho con eso es el Perazzo. Adolfo “Guri” Perazzo estuvo bien ligado a la actualidad de basquetbol de “La Feliz”. Comenzó siendo figura en Sporting en la Primera local y luego hizo lo que pocos pudieron hacer: ascendió a la Liga Nacional tanto con Peñarol como con Quilmes. Ese amor por el básquet, no solo quedo ahí. Se lo trasladó a sus dos hijos varones, Ezequiel y Tomás.

LA NARANJAY EL GURI, UN AMOR QUE NACIÓ DE GRANDES

En la localidad de Mercedes, provincia de Buenos Aires, comenzaron a conocerse el “Guri” y la naranja. “El básquet llegaba esporádicamente los fines de semana y durante el verano. Íbamos todos a la pileta del Club Mercedes y a la tardecita se armaban los partidos en la canchita que había en el Club.”

“En uno de esos partidos, en el ‘67. Llegó Hector “Teté” Barreneche, que para Mercedes era la gran figura del básquet,” cuenta Adolfo. Y agrega: “Me vio y me pregunto si me gustaba el básquet, pero quedó ahí. Al año siguiente, yo había crecido un poco más y se sorprendió por mi contextura física y me dijo que tenía que jugar al básquet.”

Los años pasaban, y “Guri” se inclinaba más por el atletismo y la natación y ya pensaba en comenzar sus estudios universitarios en la capital de la provincia de Buenos Aires.

“Para esa época yo me había clasificado subcampeón nacional de lanzamiento de bala. Y un día estaba entrenando detrás de la Facultad de Ingeniería de La Plata porque me querían llevar a participar a un torneo Sudamericano”, cuenta “Guri”.

Pero aquel entrenamiento, terminaría siendo el primer contacto con el básquet platense. “Mientras entrenaba bala, se acercó un pelado, medio petizo, y me dijo “soltá esa porquería vos tener que jugar con una naranja”. Y entre la risa y la joda, me preguntó qué hacía a las 5, yo le conteste que nada y me dijo “andá al gimnasio del club Gimnasia Esgrima de La Plata. Ahí nomás me hicieron firmar un papelito y arranque a jugar al básquet en Junio del ´69”,  relata Adolfo.

“Arranqué como juvenil, con Gimnasia saliendo campeón contra Náutico donde estaba Cali López y Cubito Asnaghi. Eran un equipo imbatible. El tema era que ellos siempre ganaban los rebotes, pero cuando aparecí yo, se les acabaron los rebotes cuando erraban y Gimnasia salió campeón,” cuenta con alguna sonrisa “Guri”.

Lo de Adolfo fue un caso que sería difícil de ver en la actualidad. “Guri” jamás hizo formativas, pero eso no fue un impedimento para su inclusión y posterior progreso, a pesar de que sentía la diferencia que tenía con chicos de su edad que jugaban básquet desde hace años. “Yo la verdad no sabía tirar al aro, no la sabia picar. Solo sabía agarrar rebote, pasarla, correr y posicionarme para bajar algún rebote por si mis compañeros erraban,” comenta.

“Para enseñarme un poco, estuvieron el “Gallego” Gonzales y “Finito” Hermann que en horas extras me daban una mano. El “Gallego” me enseñaba a picarla desde la mitad de cancha, frenar y tirar. Y “Finito” me enseñaba los movimientos de pívot.”

Pero si el llegar al básquet sin formativas hoy en día es complicado, más difícil es llegar a la Selección en poco más de tres años.

“En el ‘71, le ganamos a Lanús en la cancha de ellos, que era imbatible, por 8 puntos, y yo tuve la suerte de anotar los últimos puntos. Y quien estaba en la tribuna era Jorge Canavesi, entrenador de la Selección Argentina.”

El progreso alcanzado y precisamente esa buena actuación, con la presencia de Canavesi, fueron lo necesario para vestirse con la celeste y blanca. “Ahí me eligió para formar parte del seleccionado y viajamos al Panamericano de Cali en 1971.”

LOS HEREDEROS

“A mí, lo primero que me enseño fue a pasarle la pelota,” cuenta entre risas su hijo mayor, Ezequiel. “Agarraba el rebote y se la pasaba a Guri para que siguiera tirando”.

“Me acuerdo de partidos en el Superdomo, que eran una cosa impresionante y algún que otro partido en Sporting, pero tengo más presentes los que fueron en el Superdomo y en el Martínez”, recuerda Ezequiel de sus primeros contactos con el básquet.

Sus comienzos en el básquet marplatense fueron, al igual que su padre, en Sporting. “Arranque en Sporting, porque iba al Peralta Ramos y después pasé a Quilmes. Hice todas las formativas hasta la primera en Quilmes, donde estuve en el banco de la Liga.”

Tras su paso por el banco de Liga, Ezequiel comenzó a vivir su etapa de profesional. “Pasé por General Roca en remplazo de Chiappero. Y luego volví y me quede en Atlético Mar del Plata para jugar el Provincial porque venía de una lesión en la rodilla. Teníamos un equipazo. Llegamos a la final estaba Maggi, Nobile, Fortete, entre otros. Perdimos la final con un equipo de Capital.”

La crisis del 2001, y el pasaporte extracomunitario fueron la llave de un nuevo camino para Ezequiel.  “En el 2002, se me abrió la puerta para jugar en el exterior porque tenía el pasaporte italiano. En Italia salí tres veces campeón, ascendí dos veces de la B2 a la B1, y en el 2011 tenía que tomar la decisión de volver a estudiar o seguir forzando para jugar un tiempo más. Decidí volver y el año pasado me recibí de abogado,” resume Ezequiel.

El más chico, Tomás, comenzó su vida con el deporte lejos del básquet. “A mi me gustaba el futbol. Era arquero,” cuenta mientras Ezequiel mira sorprendido y lo interrumpe: “No sabía que pasaste por el fútbol,” dice entre risas el mayor.

“En uno de esos partidos, llego a casa y me agarra Guri y me dice “¿qué haces?, el futbol no”, recuerda Tomy que tan alejado estaba del básquet que “no sabía que lo que era Peñarol-Quilmes. Arranqué de hobby en el Club Mar del Plata y de apoco me fue gustando cada vez más.”

Sus ganas de seguir creciendo lo llevaron a dar un salto a uno de los Clubes más grandes de la ciudad y siguiendo los pasos de “Guri” y Ezequiel. “Pasé a Quilmes buscando más competitividad y al tiempo, me quise cambiar porque no me gustó mucho el Club.”

A la hora de buscar un nuevo destino, dos fueron las opciones. “Justo Guri estaba jugando la Maxi liga en Unión y a mí me gustaba un poco Peñarol. Pero después de una semana de pensarlo, me metí en Peñarol de cabeza.”

Con los años en Peñarol, Tomás se fue destacando y madurando con su juego, lo que lo llevó a ser parte de diferentes Selecciones marplatenses soñando con seguir los pasos de Ezequiel y Guri.

“Ser el “hijo de” es una mochila que se arrastra. En mi caso, me abrió muchas puertas. Cuando fui afuera, había gente que lo recordaba y que en el fondo me sirvió mucho”, cuenta el mayor de los Perazzo.

El más chico, asiente lo que dice el mayor y agrega que él “se presionaba para hacer valorar el apellido”. Y entre risas, agrega: “en la escuela, algunos profesores me pedían autógrafos cuando se enteraban que soy el hijo del “Guri”.

Los halagos de los hijos al padre fueron rápidamente devueltos. “Veo muchas cosas mías en ellos. Veo la voluntad, de hacerse cargo de buscar el gol para ayudar a su equipo. Tienen ese fuego interno que me genera mucho orgullo.”

Ezequiel y el Guri alzan a Tomás (archivo fliar)
Ezequiel y el Guri alzan a Tomás (archivo fliar)

PADRE E HIJO, CAMPEONES

Luego de estar más de 9 años fuera del país, Ezequiel despuntó el vicio de la naranja compartiendo cancha y equipo con su padre. En Junio del 2012, Unión, con “Guri” como bandera, derrotó a Ever Ready de Dolores (62-49), a Teléfonos (72-66) y, el último domingo en el gimnasio de Sporting, a Iñakos (54-44) para celebrar el título del torneo de la Maxi.

“Ese fin de semana lo recuerdo mucho. Todavía veo las fotos y me genera gratos recuerdos,” cuenta el mayor.

“Fue fantástico. A mí no me importaba nada, nadie lo podía disfrutar como yo. Esa tarde en la cancha de Sporting jugando con Ezequiel lo disfruté muchísimo,” agrega el orgulloso padre.

Y “Guri” no se queda con ese recuerdo: “Ya me estoy cuidado y preparando para jugar con Tomás”, dice entre risas.

PEÑAROL VS QUILMES

Ezequiel por su paso por Quilmes y cercanía a Once Unidos, siente afinidad por el “tricolor” mientras Tomás se inclina por el club al cual defiende: Peñarol.

“Yo no puedo apostar nada, Quilmes no está para cargar a Peñarol”, dice entre risas Ezequiel.

Mientras, Guri volvía con el termo para continuar el mate, y tenía que desempatar: “Peñarol o Quilmes?” fue la pregunta.

“Yo en realidad no puedo hacer mucho desempate. Tuve la suerte de estar en los dos equipos y con ambos equipos logre ascender. Es un orgullo supremo”, arranca diciendo.

“Cuando llegue a Mar del Plata, el básquet era bastante chato. Querían subir y no podían, Peñarol venia de dos años buscando el ascenso y al final pasamos con Passeti de Sporting a Peñarol y se logró el ascenso. Haber subido con Peñarol, hace que yo tenga un poquito más de simpatía con la milrayitas porque fue el inicio de todo,” agrega “Guri”.

Pero no se olvidó de Quilmes… “Cuando me pide la gauchada Quilmes, porque yo en ese momento ya no tenía muchas ganas de seguir jugando. Acepté porque me pareció un desafío interesante poder lograr el ascenso con Quilmes también. A los dos le entregue todo. No cualquiera sale campeón”, sentencia “Guri”.

Era otra época, la rivalidad existía pero claramente no es la que se vive hace ya unos cuantos años, potenciada por la competencia en la que se transformó la Liga Nacional.

EL BASQUET EN MAR DEL PLATA

Sin lugar a dudas, con sus 14 años de Selección Nacional, Guri es una palabra autorizada para opinar sobre el básquet actual.

“No me gusta lo que estoy viendo en el básquet de Mar del Plata. Están corriendo mucho y no juegan a nada. No hay cortinas, no hay bloqueos, no hay buenos pases. Los árbitros dejan que los jugadores caminen. A los pívots nadie les de la pelota, hasta en la Liga Nacional veo que al pívot le den juego,” comenta el ex Obras Sanitarias, Quilmes, Peñarol, Sporting, Boca, Gimnasia y Esgrima La Plata y Nápoli de Italia.

“El básquet es muy fácil y yo veo que acá lo hacen muy difícil dándole a los jugadores de las inferiores hasta 7 jugadas. Tienen jugadas para todo, pero nadie lee el básquet. Hay que darle la posibilidad al jugador de que saque ventaja con el uno contra uno,” agrega Guri.

Y fundamenta su idea. “En Peñarol hacen las mismas jugadas que hacen en el equipo de Liga. Ahora, vos al pibe lo acostumbras a esas jugadas. Las cuales tienen 8 o 9 pases, y entre esos pases seguro hubo 2 o 3 posibilidades de gol. Eso hace que falte creatividad. Y agrégale que esas jugadas  son para un Leo Gutiérrez que tira de ocho metros. Un cadete no te va a tirar de ocho metros, y encara y comete foul de ataque o pierde la pelota por 24.”

EL FUTURO

A Tomás todavía le queda un tiempo en las formativas del básquet marplatense, pero ya piensa en su futuro: “Mi idea es ganarme la vida con el básquet. Si no se dá, que sea algo vinculado con el deporte como la kinesiología. A veces los chicos tienen algún dolor y ya me pregunta que tiene que hacer o como estirar y es algo que me gusta.”

“Mercedes, mi hija, fue invitada a jugar al vóley a Tenerife y ahora estamos viendo si el básquet allá es competitivo para que Tomás vaya también”, cuenta Guri, y entre risas agrega: “voy a hacer un 2×1”.

EL BASQUET Y LA ABOGACIA

Ezequiel, una vez que volvió de Italia, retomó sus estudios y se recibió de Abogado en Mar del Plata.

¿Que similitudes tiene el básquet con la abogacía?

“Ambos te presentan problemas. En el básquet tenes un árbitro, y en la abogacía un juez. Un abogado defensor  en lugar de un adversario. Es luchar contra otra voluntad. Y siempre hay uno que gana o pierde. Cuando uno juega al básquet, sabe que tiene cuatro compañeros que están. Pero en la abogacía es uno solo con un libro.”

LA PELOTA QUE LE FALTA A MANU

Mar del Plata fue la sede de la “última función” de la Generación Dorada en el país. Con Manu, Scola, Oberto y cía, Argentina le ganaba en la final a Brasil y coronaba un gran Preolimpico en 2011 con la clasificación a los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Adolfo Perazzo no se perdió la cita Preolímpica, la vivió pegado a la cancha y se llevó un premio más que grato. “Yo estaba filmando y veo que Delfino le pega a la pelota, que desaparece y de repente veo que una bola negra se me venía encima. Era la pelota”, relata “Guri”.

Fue un premio para la historia. “Yo tengo la desgracia de haber logrado la clasificación para los JJOO de los 80 y no haber podido ir”. (NdeR: Porque Argentina, entre otros países, se sumaron al boicot estadounidense a los Juegos Olímpicos de Moscú)

“Manu (Ginobili) me llamó para comprarme la pelota. Es la única pelota que le falta de los Torneos importantes. Pero esta pelota se queda acá”, sentencia “Guri”.

(archivo fliar)
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Ariel Bagaloni (ariel.bagaloni@hotmail.com)

En Twitter e Instagram: @arielbagaloni. Periodista. Productor de radio.

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  • Es clarisimo el concepto sobre el basquet marplatense del Guri. Se los enrosca mucho a los pibes, solo para ganar. Hay que dejarlos un poco mas libres, enseñarles más tecnica, sumarles a los partidos 3 o 4 lineamientos en ofensiva y defensa, y que jueguen… Tambien se puede ganar asi

  • Es clarisimo el concepto sobre el basquet marplatense del Guri. Se los enrosca mucho a los pibes, solo para ganar. Hay que dejarlos un poco mas libres, enseñarles más tecnica, sumarles a los partidos 3 o 4 lineamientos en ofensiva y defensa, y que jueguen… Tambien se puede ganar asi

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