Básquet en la Sangre

La familia que nació en Quilmes

Los Zabala (Archivo familiar).

Pablo Zabala conoció a su pareja en el club y su hijo Pedro tomó el legado, con el Básquet en la Sangre.

Todas las instituciones tienen familias representativas, que viven en gran parte por y para el club, que practican deportes o sus reuniones de esparcimiento en la sede física, y llevan la pasión por el escudo en sus cuerpos. Si mencionamos el apellido Zabala, lo emparentamos con Quilmes. Y la historia del ex presidente Pablo y su esposa Andrea Roldán, comenzó de forma literal en Luro y Guido. “Históricamente, el 25 de mayo se hace la “pollada” del básquet quilmeño. Los “cadetes” son los que hacen de mozos. Yo tenía 15 años y jugaba con Osvaldo Roldán, me tocó servir en su mesa y estaba su hermana, Andrea. Un mes después nos pusimos de novios”.

Generaciones pasadas a Pablo forjaron la tradición de los Zabala en el Tricolor: “Mi papá jugaba al fútbol y a la pelota paleta en Quilmes, nació ahí adentro. Vivíamos en Balcarce y Olazábal. Mis hermanos jugaron en Quilmes, Alejandro al fútbol y Néstor al básquet. En mi caso jugué al fútbol y al básquet al mismo tiempo, hasta que en Primera me decidí por la pelota naranja, mi pasión”. Pablo Zabala arrancó a picar el balón a los 4 años y, tras la decisión de abocarse solo al básquet como deporte elegido, compitió en diferentes torneos y categorías con el “Cervecero”. El recorrido por Inferiores derivó en la Primera, incluso disputando una Liga “C” (tercera categoría del básquet nacional, a finales de los 80´) con Oscar Huevo Sánchez como DT. A los 25, ya sin lugar en Quilmes y a punto de retirarse por cuestiones laborales, Pablo jugó una temporada con Unión en el campeonato local, un dato que pocos conocen de él…

Con el amor por los colores traspasando de generación en generación, no era difícil sospechar con qué club se identificaría el primer hijo de Pablo y Andrea. El 28 de abril de 1992 llegó al mundo Pedro. “A los 2 años ya picaba la pelota sin mirar, pero después quiso jugar al fútbol. A mí lo único que me importaba era que hiciera deporte, y si era en el club mejor”, sostiene el padre sobre Pedro. “Mis primeros recuerdos son con una pelota de fútbol. Pero también tengo presente el primer partido de Pre-Mini en el José Martínez: fue contra Peñarol y les ganamos. Nos dirigía Nico Mengoni y podíamos jugar 20 minutos como máximo, me acuerdo. Fue el primer momento en que sentí que el básquet me podía gustar y mucho”, afirma el hijo.

Pedro y sus inicios en el básquet (Archivo familiar).

Tres años después del nacimiento de Pedro, completó la familia su hermana Julia. Si bien nunca compitió en deportes, más allá de aprender a nadar en su infancia, se mantuvo siempre firme en la tribuna, como una gran seguidora de Quilmes. Y de Pedro, claro. El Minibásquet trajo el primer viaje de intercambio y la categoría 92 se fue de intercambio, junto a otras, a Puerto Madryn. “Nos sumamos con Andrea y Julia, fuimos todos a conocer a las ballenas. A partir de ahí lo acompañamos por todos lados a Pedro”, dice Pablo. “Como experiencia fue increíble: compartir con compañeros, el entorno y poder hacerlo con la familia”, recuerda Pedro.

Pedro, en U17 (Archivo familiar).

El base con el número 15 en la espalda -circunstancialmente usó la 8 en la Copa de Clubes que está festejando en la foto- siguió creciendo. Pedro continuó en Pre-Infantiles e Infantiles, hasta llegar a Cadetes, entre selecciones y rodeado de talentos en proyección. De su camada formaban parte Lautaro Lofuedo, Federico Cabezas y Lucas Jerez, entre otros, y el equipo protagonizaba los torneos locales. Atento al camino del plantel que integraba su hijo, Pablo decidió colaborar como dirigente: “Yo venía dando una mano de algunos años atrás, pero la camada de Pedro, la 92’, y la 95’ en la cual jugaba Luca Vildoza, eran muy buenas. Entonces apostamos a reclutar para reforzar esas divisiones”. Así llegaron a Quilmes: Maxi Iturrioz, Facundo Grutzky, Federico Aldama y un pivote aguerrido, pelo largo, potente… “A Tayavek Gallizi lo fui a buscar a la Terminal y se me ocurrió preguntarle si conocía el mar. Me respondió que no y fuimos a desayunar frente a la costa. Pasó tres días de prueba, que eran los que le correspondían, y se quedó tres más porque no se quería ir. Después fuimos junto a Luis Fernández a Santa Fe para hablar con la familia y el Club Maccabi, ahí lo fichamos. Que Taya y Luca Vildoza hayan jugado un Mundial, es mi mayor orgullo como dirigente”, asegura Pablo Zabala.

En U19, con Taya Gallizi (Facebook).

Sin embargo, ese grupo de jugadores que prometía darle mucho más a la institución sufrió un abrupto quiebre. “Cuando la categoría 92’ llegó a la Liga Junior, era imparable. Ganaron invictos la etapa provincial. Pero asumió Daniel Maffei en el equipo profesional, le fui a pedir que midiera el equipo del TNA una vez por semana con los Juveniles para darles rodaje, y me dijo que no le importaban. Los chicos se empezaron a ir y no pudimos completar el objetivo”, recuerda Pablo. La inesperada situación también despidió de las filas del club a Pedro. Dejaba por primera vez al Tricolor y a su familia, salía de Mar del Plata. “Desde que me fui, mi mamá y mi hermana lloraron en cada despedida. Siempre las extrañé, pero con los mensajes me apoyaban”.

Con el equipo profesional (Archivo familiar).

Pedro tuvo buenos rendimientos en Tiro Federal de Morteros y Estudiantes de La Plata, mientras, su papá asumía como presidente del “Cervecero”. El eslogan de Pablo Zabala era “en Quilmes, con los de Quilmes se puede”, y el nivel de su hijo lo ubicaba como un posible refuerzo para el plantel del TNA. No obstante, la chance fue abortada de manera terminante. “Pudo haber vuelto como uno de los bases, con Cadillac y Vildoza completando el puesto. Pero me dijo que nunca jugaría siendo yo el presidente. Es más, me decía que deje el cargo, que no reniegue más”, rememora Pablo. “Se podía prestar a la famosa duda del acomodo, entonces preferí evitarlo. Consideré que merecía tener él su lugar”, añade Pedro.

Pedro, campeón en Morteros (Archivo familiar).

La carrera basquetbolística concluyó (al menos momentáneamente), con regreso a Quilmes, en el torneo local para Pedro. Es que las relaciones políticas y el marketing, sus constantes estudios, lo trasladaron a España, donde reside actualmente. “Desde los 10 años que dice que va a trabajar en la ONU. Siempre quiere ir por lo que se propone”, marca su padre. “Vine a cumplir un sueño, a progresar profesionalmente y acompañado de mi mujer. Aún a la distancia, como ocurrió siempre, siento cerca a mi familia”, agrega Pedro, que envío cada una de sus declaraciones vía WhatsApp, desde Sevilla.

Padre e hijo (Archivo familiar).

A partir de la concepción de la relación de sus padres hasta el día de hoy, Pedro (como su hermana Julia) ha disfrutado de la pasión que lleva el ADN de su sangre. Un heredero del legado familiar, que por supuesto también mantiene vivo Pablo (y su esposa, Andrea). De las anécdotas que deben guardar entre los dos, el hijo mayor decide recordar una en particular: “Contrario a lo que muchos pueden pensar, el mejor momento con mi papá en la cancha no incluyó ninguna victoria ni trofeo. Fue cuando descendimos contra Olímpico de La Banda. Yo estaba sentado en el banco y Frank Williams metió el triple justo adelante mío. Un vestuario destruido y yo, como juvenil viviendo mi primera experiencia en la LNB, estaba devastado, hecho un papel. Uno a uno nos fuimos yendo y cuando salgo del vestuario lo único que necesitaba era un abrazo de mi viejo. Y él estaba ahí, adentro de la cancha esperándome, llorando igual que yo. Y me dijo: “Tranquilo hijo, no te preocupes. El año que viene van a volver”. Y volvimos. Me quedó grabado para siempre”.

Un instante eterno, y una relación interminable. La de Quilmes y los Zabala, con el básquet y la pasión con motor del sentimiento. Unidos, a pesar de la distancia, con una camiseta Tricolor como conexión absoluta.



debug123

Tweets por @ignaciosaraceno

Tweets por @brunograssi

Facebook de Planeta Naranja

PHP Code Snippets Powered By : XYZScripts.com