Básquet en la Sangre

Tricolor en las venas

Familia cervecera (Facebook).

Por los cuerpos de los Piñero corre “Básquet en la sangre”. Del coco y con la faca entre los dientes, su amor por Quilmes. 

La pasión es un sentimiento noble. Algo que nos apasiona lo tomamos como prioridad, decidimos (bien o mal) con el corazón pensando en eso y dejamos de lado lo que fuera por nuestra pasión. Aunque nos equivoquemos, no la podemos abandonar. Para debatir: ¿con una pasión se nace o se genera con el correr de la vida?

Los Piñero (Facebook).

La pasión de los Piñero es el Club Quilmes. Cinco hermanos y sus padres, que transformaron en algo trascendental para sus vidas una propuesta de un tío. Un tío hincha de… Peñarol. Él recomendó la institución de Luro y Guido por lo que significaba más allá del básquet. De hecho Francisco, el mayor de los hermanos, comenzó en el “Cervecero” jugando al fútbol. Tiempo después el básquet surgió como una posibilidad ideal para contrarrestar el invierno marplatense, y el José Martínez se convertiría en la segunda casa de la familia.

Francisco Piñero, el mayor de los hermanos (Facebook).

Francisco tiene 31 años. Disfrutó del profesionalismo, abriendo por ejemplo el camino de los Piñero en La Unión de Formosa. Hoy en día sigue los pasos de su papá Marcelo. Este trabaja en el puerto, se embarca, pero desde Mar del Plata. “Pancho” es oficial de los cruceros Royal Caribbean, vive en los Estados Unidos. “Pancho era un gran defensor, algo poco habitual en los Piñero”, reconoce entre risas Patricio (“Coco”), el único presente en la casa de la familia al momento de la nota, encargado de hilar la historia de sus hermanos.

Pancho Piñero, de la camada de Selem Safar (Archivo familiar).

“Coco lo dice porque era muy chico, no se acuerda”, retruca con humildad Francisco vía WhatsApp. “Nunca fui un jugador ofensivo. Agacharme con 2 metros enfrente de un rival, era intimidante. Eso nos inculcaban los entrenadores en el Club”, completa. “Yo no seguí mi carrera profesional porque nunca fui deportivamente maduro, eso lo entendieron mejor Faca y Coco. Tomé la influencia de mi padre en cuanto a la carrera laboral (marino mercante)”. La voz de la experiencia.

Pancho de frente y Faca de espaldas, a la cancha (Archivo familiar).

“De los cinco, el mejor es Faca”. La declaración de Coco parece una obviedad. Facundo Piñero (30 años) está en la PreSelección Nacional de Mayores en un año mundialista, jugó Liga en Quilmes, La Unión e Instituto entre otros, siendo capitán. “Si fui el mejor… la defensa de Pancho me vendría muy bien”, asume Faca. “Podríamos armar un equipo masculino: Titi creándonos tiros, los demás lanzando y hay que sumar un “5” rebotero. En defensa, una zona”. La grieta familiar divide a los defensores (Titi y Pancho) de los tiradores (Faca y Coco), aunque la hermandad y el club los une por sobre todas las características. “Compartí cancha en Inferiores con Titi y en Primera con Pancho y Coco. Es muy lindo estar con la familia en el Club”.

Faca y Titi; Leandro Ramella DT (Archivo familiar).

Insiste Coco: “Titi no dejaba que pasen la mitad de la cancha los rivales. No sé qué pasó con nosotros (por él y Faca)”. Juan Pablo tiene 28 años y está a punto de ser papá de Juan Segundo, su primer hijo, un nuevo sobrino para el resto (ya son padres Francisco y Facundo). “Vestir la camiseta de Quilmes con un hermano es la cosa más linda que me pasó. De chico me ponía nervioso con Faca porque la rompía. De grande ya era vago y Coco no me la pasaba. Nos divertíamos igual”, con honestidad responde Titi. “Nunca pude copiar nada de ellos, apenas metía las bandejas”. Ese recurso, el de las bandejas, le sigue dando de comer en sus emprendimientos gastronómicos de la actualidad. “Faca está pasando un gran momento, pero el mejor es Coco. Después yo”, concluye. Je.

Coco en Premini, junto a Luca Vildoza (Archivo familiar).

“Arranqué cuando tenía 3 años. En Quilmes pasé el mayor tiempo de mi infancia”. Patricio Piñero (23 años) prácticamente nació en el Club. En el presente continúa con su carrera basquetbolística, de último paso en Ramos (Torneo Federal) y representando a Mar del Plata en el Provincial de Mayores. Su ejemplo, claro está, es Faca. “En la temporada 2013/2014 jugamos juntos. Para mí fue un sueño”. Aunque también, bien de pequeño, comenzó a sentir lo que es la competencia siguiendo a Francisco. “Me acuerdo de haber ido hasta Río Turbio con la familia para ver al mayor en la Liga Patagónica. Viajamos mucho por mis hermanos”. Referentes a elección, en casa.

Coco y Faca en la LNB (Facebook).

Hasta acá, los varones Piñero. Los hermanos jugando y papá Marcelo llevando el pan a la casa. Pero, ¿qué rol ocuparon las mujeres? “Desde bebé fui al Club. Practiqué básquet en Cebollitas. Recuerdo salir de una categoría donde veía a un hermano, y seguir con un partido de otro más grande. También me acuerdo de los viajes en familia, a veces éramos los únicos hinchas”, explica Rosario (siempre Tata, nunca María), la hermana menor (20 años).

Tata, la Piñero del Femenino (Archivo familiar).

“Estaba en la subcomisión y vivía en el Club”, explica nuevamente Coco, esta vez sobre su madre. Es que Patricia encontró una pasión inesperada, gracias a la sugerencia de su hermano “milrayita”. El sentimiento por los/as hijos/as es inexplicable, pero defender y comprometerse con el lugar que los hace felices, es una postura familiar. “Siempre nuestros padres nos inculcaron el deporte”, añade Faca. Dentro del José Martínez construyeron un segundo hogar, y el básquet movilizó sus emociones más profundas.

“Mi mamá siempre pensó que íbamos a jugar en el básquet profesional. Metimos tres de cuatro entre los varones, tan errada no estaba”. Ojo entrenado de tanto ver acción en la cancha. ¿Seguirán el legado los nietos? El tiempo dirá. Lo que no podrán abandonar, es la sangre tricolor de sus venas.



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