Básquet en la Sangre

Una historia bien Federal

Joaquín grita en la cancha, la familia afuera (PN)

Continuando el ciclo “El Basquet en la Sangre”, recorremos parte del país con los Otamendi.

Los Otamendi, el numero “6”, y el “celeste” van de la mano y se ven en cada cancha de básquet de Mar del Plata. Una historia que comenzó en Coronel Suárez y continua en “La Feliz” pero tuvo escalas por Trelew y Neuquén. Una familia numerosa que le abrió las puertas de su casa y quincho a Planeta Naranja para contar la pasión por un deporte que los acompaño en cada destino del país.

Se habla de básquet e incluso se ve y respira básquet. Un “23” de Jordan, una camiseta de Unión con el “6” y el apellido Otamendi forman parte del decorado de un Quincho en el que las mayorías de las juntadas estuvieron relacionadas con la naranja.  “Para usar el quincho tengo que pedir turno”, dice Rosaura, esposa de Rodrigo y mamá de Joaquín, Santiago, Milagros y Francisco.

El viaje del básquet y los Otamendi arrancó en el pueblo natal de Rodrigo: Coronel Suárez. Abróchense los cinturones, que se recorre el país con los “Ota” y el básquet.

CORONEL SUÁREZ

“Todo lo que pueda decir es incomprobable”, dice entre risas Rodrigo.   A 461 kilómetros de Mar del Plata, arrancó la historia de los Otamendi y el básquet. “Jugué en Sarmiento hasta que me vine a Mar del Plata a estudiar. Era un 2/3 con pura garra, no tenía nada para lucirme,” continúa sonriendo mientras recuerda esa época.

“Más o menos arranque a los 4 años. Un amigo de papá era profe en Sarmiento y me llevaron”, agrega mientras controla el asado. Durante todos esos años, crecía la pasión por el básquet y la vida de club de barrio y la “rivalidad” con Blanco y Negro: el clásico de Coronel Suárez.

“Pasábamos horas en el club. No solo entrenando, sino que jugábamos a todos los deportes que podíamos después del colegio. Era otra época, uno vivía dentro del club con los amigos”, recuerda Rodrigo.

“Los clásicos son a morir. No importaba si enfrente estaba el compañero de escuela. En todo estaba la rivalidad”, dice y agrega que su club Sarmiento “es el pueblo”.

MAR DEL PLATA – PARTE 1

Una vez finalizada la secundaría Rodrigo emprendió un camino a Mar del Plata con un claro objetivo: el estudio. “Tenía claro que mi futuro estaba en los libros y no en el básquet”, recuerda. Aunque la naranja siguió cerca de él.

“Los primeros años estuve jugando los interfacultades en CEF y a mediados de los ´90, con compañeros de la facultad y amigos en común fuimos a jugar a Unión. Donde vi el parquet brilloso, las tribunas y lo cuidado que estaba, fue como entrar al Madison Square Garden viniendo de un pueblo como”, recordó.

TRELEW

Por trabajo, Rodrigo, ya acompañado por “Rochi”, sumó unos kilometros más es su vida y Trelew paso a ser su nuevo destino. Y allá fue donde el básquet y Otamendi se volvieron a encontrar. “Joaco eligió rugby como primer deporte. Jugaba en un club que se llamaba Patoruzu. ¡Imaginate! Lo que era acompañarlo a una cancha de rugby en Trelew”, recuerda Rodrigo.

“Creo que fue porque quería correr y tirarme, como hago ahora, pero en el barro”, entre risas cuanta Joaquín. Pero Rochi le dio un porque a esa elección: “Mi primo jugaba al rugby y eso lo llevó a Joaco por ese deporte”.

Pero en el ADN algo naranja corría y el básquet reflotó. “Un día me dijo que quería arrancar básquet y a mí se me dibujo una sonrisa”, recuerda Rodrigo.

Huracán de Trelew fue el club elegido y allí fue donde Joaquín agarró el básquet y no lo soltó más a pesar de una nueva mudanza.

NEUQUEN

Ya con la familia más grande, los Otamendi tuvieron un nuevo destino por laburo: Neuquén. “En el 2005 nos fuimos a Neuquen y allá nos recomendaron Independiente,” cuenta Rodrigo.

Independiente no soló fue el club de Joaquín y Santiago, sino que fue el club en el que la familia se hizo más basquetbolera. “Teniamos abono e íbamos todos. Era una actividad bien familiar. Mili era bebe y la llevamos en carrito a ver Liga Nacional,” recuerda Rodri.

Joaquín con la Roja de Independiente de Neuquén(archivo familiar)

Joaquín, el más grande de los hijos, no solo recuerda a la mascota que tenia Independiente en la Liga Nacional sino como además de entrenar, compartía con el plantel profesional. “Entrenábamos y los veíamos siempre en el club. Que los más grandes compartieran tiempo con nosotros me acercó mucho más al básquet”.

En aquel plantel estaba un tal Esteban De la Fuente. “Yo lo veía jugando Liga y hoy me lo cruzó como entrenador del equipo rival, es lindo y trae recuerdos lindos”, cuenta Joaquín.

MAR DEL PLATA – PARTE 2

Mar del Plata había sido el lugar donde Rodrigo y Rosaura se conocieron, y las vueltas de la vida, y el trabajo, los volvió a traer cerca del Mar y de Unión.

“Primero vinieron Rochi con los chicos y cuando llegue yo le prometí a Joaquín que lo iba a buscar club. Estaba yendo por Dorrego para casa y pase por Quilmes y en ese momento dije de hacer unas cuadras más y bajé en Unión,” recordó Rodrigo. “Buscaba un club como lo que había vivido yo y fue lo que encontré en Unión.”

“Arranque haciendo Escuela, a los 9 años me federaron y ahí conocí a los chicos”, cuanta Joaquín. Cuando dice “Los Chicos”, habla de los compañeros con los que terminó siendo Campeón Argentino U19, que más adelante tendrá un párrafo aparte.

Si bien Santiago había arrancando a jugar al básquet en Neuquén, en su llegada a Mar del Plata se copió de su hermano mayor: se inclinó por la ovalada. “Cuando vinimos a Mar del Plata arranque a jugar al rugby por Matías Barrionuevo. Duré unos meses y después arranqué a jugar al básquet en Unión,” recuerda el más tímido de los Otamendi.

Santiago festejando un titulo con la celeste (archivo familiar)

Incluso, su primer recuerdo de básquet es en Unión. “Tengo el recuerdo de agarrar la pelota como la de rugby, correr toda la cancha, y tirar al aro”, dice Santi.

Pero la familia se agrandó aún más y llegó Francisco. “Fran nació en Unión y el es feliz en el Club”, cuenta Rochi mientras Francisco intenta evitar la charla con PN. “Soy hincha de Unión. Es mi segunda casa”, fue la respuesta ante lo que significaba Unión. “Es Unionista a muerte. Él es feliz en Unión”, dice la mamá.

PARANÁ – ENTRE RIOS

Entre Ríos, y particularmente Paraná, fue un destino que siempre recordarán los Otamendi y en particular Joaquín. Y acá es donde aparecen “los chicos” que conoció a los 9 cuando se federó.

“El grupo que se formó fue increíble. En un momento empezamos a cenar y juntarnos más seguido y eso fue clave para lograr lo que logramos”, cuenta Joaquín. Y vaya si lograron cosas: dominaron el torneo local, subcampeones Nacionales U17 y campeones nacionales U19.

“El prezonal no lo jugué porque estaba en Bariloche, y me acuerdo que me hicieron una video llamada para contarme que habíamos avanzado y fue una locura. Creo que sufrí más que los chicos por no poder estar ahí”, rememora Joaquín.

“Ese año, no importaba que nos sacaran ventaja en altura y físico, nos comíamos crudos a todos”, así recuerda Joaco ese año de ensueño con los “cadetitos”. La mentalidad ganadora que había logrado ese equipo era tremenda. Bahiense del Norte, Obras, Vélez, Regatas de San Nicolás…no importaba quien estuviera enfrente. Incluso llegaron al Hexagonal Final en Paraná si haber perdido un partido. Y fueron dos derrotas ante el campeón Instituto de Córdoba.

“Sufrí mucho el después de la final de U17. Estaba en plena etapa de rendir en el ingreso a la facultad y yo quería volverme con el campeonato porque a los dos días rendía,” sintetiza.

Festejando en Paraná el Argentino U19

Pero Paraná no iba a quedar como el lugar donde había perdido una final. Menos de un año pasó, y la ciudad entrerriana lo volvió a recibir. “Nosotros hacíamos la diferencia porque sabíamos jugar en equipo. Más allá de alguna individualidad puntual, nosotros sabíamos jugar muy bien en equipo”, recuerda y en equipo se terminaron quedando con el titulo de Campeón Argentino U19 2018.

“Fue una locura como jugaban. Se notaba que había química. Se me pone la piel de gallina cuando recuerdo esa final,” resume Rodrigo a ese equipo. “No me dejaron ir a Paraná porque no tenía muchas faltas en la final de U17 y en U19 no pude ir porque tuve un viaje con el colegio. Y yo me quería matar. Vi todos los partidos por streaming”, recuerda Santiago.

Y como si fuera poco, Entre Ríos volvió a recibirlo pero para la etapa Final del 3×3 del Torneo Federal, camiseta que hoy esta colgada en el quincho de la familia.

ZÁRATE – SELECCIÓN MARPLATENSE

Hasta el momento, solo un Otamendi vistió “La Roja” y ese fue Santiago. “La experiencia de haber estado entre los mejores 12 de Mar del Plata es muy linda”, dice tímidamente. “Viajar con una selección fue muy lindo”, recordó del viaje con la selección a Zárate para el Provincial U13.

“En la U13 era el defensor y en la de U15 era el tirador”, cuenta mostrando una sonrisa. Para la segunda convocatoria, la noticia le llegó estando lejos de la ciudad. “Estaba en México, y me avisa Fran Ortiz que estábamos en la preselección. Yo no lo podía creer.”

“La estaba metiendo y Pitu (NdR: Darío Arcidiacono, entrenador de la selección) dijo que yo era el tirador del equipo. Y yo que soy re flojo de la cabeza, tenía un cagazo terrible.”

La familia y el ejemplo dentro de la casa fueron ayudando. “Antes era muy flojo de cabeza. Mi viejo siempre me dijo que tenía que cambiar la cabeza, porque siento que es lo que peor que tengo.”

Con Joaco veo motivación. Salió campeón Argentino y estudia. Entrar a la cancha y ver de un lado a Pato Garino (NdR: Campeón Argentino U17 en 2009) y del otro a Joaquín y yo quiero estar ahí”, dice el Otamendi del “medio”.

“6” vs “6”

LAS MUJERES DE LA CASA

Este no es un destino en el viaje, pero es un sostén importante. “Ella es la jefa. Papá es el más flexible”, dice casi en simultaneo Joaquín y Santiago, quien aprovecha la “flexibilidad” de Rodrigo para pegarse un “faltazo” en pleno mundial de básquet para ver a la selección.

“Mili no se pierde un partido de básquet. Aunque acá no vayan a verla seguido”, reclama Rochi en plena charla. “Voy a los partidos porque me gusta”, agrega Milagros, quien pasó muchas horas en el club cuando había gimnasia artística e incluso se prepara el Mundial en el 2020.

“Sufro mucho los partidos, pero trato de no perdérmelos nunca. Se sufre cuando pierden y se festeja cuando ganan y más si a ellos les va bien”, cuenta la madre y agrega que “tuve que aprender a no querer bajar a la cancha cuando ellos se golpean. Trato de no hacerlos pasar vergüenza.”

TORNEO FEDERAL

Si bien el Torneo Federal es un logro de todo Unión, Rodrigo junto a Leo Cordeiro fueron de los que más tiraron del carro para lograrlo. “Con Leo queríamos que Unión volviera a jugar el Provincial para levantar el techo de los más chicos y darle un reconocimiento a una Primera que era multicampeona del torneo local”, cuanta Rodrigo.

Tres años en el Provincial lo llevaron a ser soñar en grande y a vivir “locuras”. Llegó la invitación para participar del Torneo Federal.

Joaquín, desde hace años ocupa un lugar en Roster del Federal ocupando ficha de juvenil, y para él “es una gran experiencia”. Al futuro Doctor el estudio le demanda mucho tiempo, pero a pesar de eso sigue formando parte del plantel. “Tengo que hacer un gran esfuerzo en el estudio, pero no quiero dejar el básquet y la verdad, que vale la pena el esfuerzo”.

Un “clásico” de los entretiempos con Francisco como protagonista

El ver a su hermano ahí, entrenando con el Federal, es una motivación más para Santiago. “Yo quiero jugar un federal en Unión. Ese es mi objetivo.”

¿CUÁL ES EL ADN DE LOS OTAMENDI?

La pregunta final es como se definen dentro de una cancha, que es lo que se destaca de una camiseta “celeste” con el 6 en la espalda. Todos usaron palabras diferentes, pero bastante similares. “Huevo, actitud, garra, esfuerzo”, eso es el ADN de los Otamendi para los Otamendi.



Ariel Bagaloni (ariel.bagaloni@hotmail.com)

En Twitter e Instagram: @arielbagaloni. Periodista. Productor de radio.

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